
Acercarse a una potencia sin obtener beneficios concretos puede costarle al Perú lo que más necesita para negociar: autonomía y credibilidad.

Aquí no existe ninguna organización que resuelva progresar en hechos. Una laguna de vaguedades dialécticas domina la escena.

Reaccionar mejor que antes resulta insuficiente; el verdadero desafío está en anticiparse.

Durante siglos, la Iglesia enseñó a los hombres la verdad y la caridad, principios que hoy en día tanto la izquierda como la derecha pretenden disociar de su auténtico sentido bajo sus propias lógicas y discursos.

Las últimas elecciones fueron, en más de un sentido, un dolor de cabeza. La resaca fue política, económica e institucional. Para evitarla, el «Hepabionta» se toma antes: informarnos, racionalizar y cumplir con nuestro deber a cabalidad.

En una sociedad política cuya estructura de atención está fragmentada, el show se convierte en una necesidad objetiva del ejercicio proselitista para no quedar fuera de la dialéctica electoral.

Ya nada sorprende en un país como el nuestro, donde un convulso escenario político nos está convirtiendo en un campo de estudio para los politólogos y analistas de comunicación política a nivel internacional.

Nuestros problemas no provienen de la ausencia de democracia, sino de la forma concreta en que ésta opera. Si convertimos la democracia en un dogma fundamentalista, clausuramos toda posibilidad de reforma estructural.

#PorEstosNo plantea un veto amplio, pero no construye un “por estos sí” convincente. Funciona como catarsis, no como proyecto de poder.