
Acercarse a una potencia sin obtener beneficios concretos puede costarle al Perú lo que más necesita para negociar: autonomía y credibilidad.

Aquí no existe ninguna organización que resuelva progresar en hechos. Una laguna de vaguedades dialécticas domina la escena.

Reaccionar mejor que antes resulta insuficiente; el verdadero desafío está en anticiparse.

Un poco del pensamiento hispánico del jurista boliviano Marcelo Terceros.

No hay separación absoluta entre el Estado peruano y la Iglesia católica, sino colaboración entre dos instituciones que se reconocen independientes y autónomas.

Durante siglos, la Iglesia enseñó a los hombres la verdad y la caridad, principios que hoy en día tanto la izquierda como la derecha pretenden disociar de su auténtico sentido bajo sus propias lógicas y discursos.

La institución de la reforma constitucional responde a una necesidad fundamental: evitar que la Constitución devenga en un texto estático y, por ende, desfasado respecto de la evolución social, política y económica.

Las últimas elecciones fueron, en más de un sentido, un dolor de cabeza. La resaca fue política, económica e institucional. Para evitarla, el «Hepabionta» se toma antes: informarnos, racionalizar y cumplir con nuestro deber a cabalidad.

En una sociedad política cuya estructura de atención está fragmentada, el show se convierte en una necesidad objetiva del ejercicio proselitista para no quedar fuera de la dialéctica electoral.