
La institución de la reforma constitucional responde a una necesidad fundamental: evitar que la Constitución devenga en un texto estático y, por ende, desfasado respecto de la evolución social, política y económica.

Las últimas elecciones fueron, en más de un sentido, un dolor de cabeza. La resaca fue política, económica e institucional. Para evitarla, el «Hepabionta» se toma antes: informarnos, racionalizar y cumplir con nuestro deber a cabalidad.

En una sociedad política cuya estructura de atención está fragmentada, el show se convierte en una necesidad objetiva del ejercicio proselitista para no quedar fuera de la dialéctica electoral.

Nuestros problemas no provienen de la ausencia de democracia, sino de la forma concreta en que ésta opera. Si convertimos la democracia en un dogma fundamentalista, clausuramos toda posibilidad de reforma estructural.

América, dentro de sus páginas, no aparece como una mera suma fortuita de repúblicas prematuras, sino como una realidad moral previa y superior a sus quiebres políticos.

El pensamiento de Víctor Andrés Belaúnde sigue siendo una brújula moral e intelectual para entender el Perú. Su visión peruanista, honda y vasta, apostó por la unidad espiritual del país, la dignidad cultural y el rescate de sus raíces andinas y cristianas.

Para nosotros, el hecho que Bolognesi muriera en las circunstancias narradas por Espinoza Camplodo no desdibuja en lo absoluto el ejemplo del héroe de Arica, el cual al final es lo que pretende transmitir el «patriotismo escolar»: valentía, honor y cumplimiento del deber.

Se requiere de un control real interno y externo del desempeño no solo de los policías, sino especialmente de los fiscales y jueces en quienes cae la responsabilidad de liberar deliberadamente a delincuentes de alta peligrosidad.

Una eventual derogación de los impedimentos permanentes constituye un retroceso en la reforma electoral que procuraba tener candidatos idóneos desde una dimensión ética.