
El ser humano es un animal político, dotado de las capacidades para y el deseo de una convivencia conjunta. Las instituciones que concreten este aspecto natural del hombre, por lo tanto, deben orientarse teleológicamente a un bien, a lo que denominamos bien común. El concepto de bien común ha sido drásticamente distorsionado en los últimos siglos. Desde una perspectiva relativista y mecanicista, para la cual cualquier bien es un artificio de la voluntad, el bien común solo puede aspirar a ser entendido como el agregado de las preferencias individuales. Así, el Estado se torna en comisionado plenipotenciario para la concreción…