Marcelo Terceros Banzer: cuando el hispanismo integral también se pensó en Bolivia
El peruanismo integral que este espacio defiende parte de una premisa que comparten pocos centros de pensamiento en la región: entender a los países andinos como comunidades políticas esencialmente hispano-andinas, sin renegar de ninguno de los dos componentes de esa síntesis. Es una premisa que suele rastrearse en la tradición intelectual peruana —Riva-Agüero, Belaunde, Del Busto—, pero que tuvo, casi al mismo tiempo, un desarrollo paralelo y hasta ahora poco conocido al otro lado de la frontera altiplánica: en la Bolivia oriental, en la figura del jurista Marcelo Terceros Banzer (Santa Cruz de la Sierra, 1926-1988), cuyo centenario de nacimiento se cumple este 24 de agosto.
Si bien la mayor parte del territorio boliviano no es andino —contra lo que se suele pensar—, sino que más bien lo constituye la zona de los llanos —extensa región que incluye a los departamentos de Pando, Beni y Santa Cruz—, conviene analizar aquí la figura de Terceros como la de un pensador que supo articular el hispanismo en el bolivianismo, tan defendido por la fuerza política en la que militó: la Falange Socialista Boliviana.
Un jurista formado en Vitoria
La formación intelectual de Terceros arranca, como la de buena parte de la tradición hispanista americana, en la Escuela de Salamanca. Su tesis de licenciatura en Derecho, defendida en 1946, versó sobre fray Francisco de Vitoria, a quien Terceros consideraba el fundador del derecho internacional: un derecho con base en la naturaleza racional común a todos los hombres, indígenas americanos incluidos, y no en el pacto arbitrario entre potencias ni en la fuerza bruta de la conquista.
El pensador boliviano sostuvo entonces que «únicamente la justicia, la misma justicia que predicaba el P. Vitoria, hará posible la paz soñada desde hace tantos siglos», una convicción que dos décadas después llevaría, casi literalmente, hasta la tribuna de las Naciones Unidas, donde representó a Bolivia como delegado en 1966 defendiendo que los tratados impuestos por la fuerza —como los que privaron a su país de su costa marítima— carecen de validez perpetua: «los tratados se hacen para vivir, nunca para morir».
Esta genealogía vitoriana es exactamente la misma que nutre buena parte del pensamiento católico jurídico-político hispanoamericano del siglo XX: la convicción de que el orden político legítimo en América tiene su desarrollo coherente desde el derecho natural escolástico hasta la actualidad, y que no nace de la ruptura revolucionaria con la herencia hispánica. Ya otros intelectuales bolivianos se dieron cuenta de lo incoherente que es desvincular el presente republicano del pasado virreinal, desde los cambas Enrique Finot, Hernando Sanabria y Humberto Vázquez-Machicado, hasta los andinos Jorge Siles, Gonzalo Romero, José de Mesa y Teresa Gisbert.
El «transclasicismo»: una fórmula propia para el hispanismo americano
Durante sus estudios de doctorado en la Universidad de Madrid (1961-1962), Terceros entró en contacto con el concepto de «transclasicismo», acuñado por el jurista español Wenceslao González Oliveros, y lo convirtió en la piedra angular de su interpretación de América. La idea consiste en que el genio ibérico, en lugar de copiar servilmente la herencia clásica grecolatina o romper con ella, la recreó en formas nuevas.
Para Terceros, la conquista y evangelización de América fueron, en ese sentido, «la mayor empresa transclásica» de la historia occidental. Frente al indigenismo que él consideraba «sectario» —por negar sin matices la herencia española— y frente al antihispanismo resentido, Terceros afirmaba: «El hispanoamericano vive transclásicamente», es decir, como síntesis viva de dos matrices culturales que se recrean mutuamente sin que ninguna deba subordinar completamente a la otra.
La fórmula es, en esencia, la misma intuición que anima al concepto de peruanidad hispano-andina que defiende este espacio, formulada de manera independiente por un jurista boliviano, sin conexión directa aparente con la tradición hispanista limeña, pero convergente con ella en lo esencial. El hecho de que dos tradiciones intelectuales vecinas —la peruana y la boliviana— hayan llegado, por caminos distintos, a conclusiones tan afines sobre la naturaleza mestiza de la identidad andina, sugiere que existe una lectura compartida de la experiencia histórica común a la región.
A diferencia de otros hispanistas de gabinete, Terceros respaldó su interpretación con trabajo documental directo. En su libro Al margen de mis lecturas (1998), comenta críticamente a los cronistas e historiadores que, en alguna parte de su obra, brindan retazos historiográficos sobre la conquista del oriente boliviano —entre ellos Ricardo de Lafuente Machaín y Enrique de Gandía—, distinguiendo entre fuentes fiables y relatos contaminados de prejuicio.
En 1977, Terceros publicó, además, una edición paleográfica de las Actas capitulares de Santa Cruz de la Sierra, 1634-1640, fruto de un trabajo de archivo que reconstruye, desde el municipio indiano, la raíz histórica de las instituciones autonómicas cruceñas. Es, dicho de otro modo, la misma operación intelectual que caracteriza a la mejor historiografía andina hispanista: documentar la herencia española, archivo en mano, en sus instituciones concretas —el cabildo, las libertades municipales castellanas trasplantadas a América— antes de teorizar sobre ella.
En este sentido, el pensador cruceño rechazaba expresamente cualquier tentación de secesión cruceña de Bolivia: «Manifesté mi desacuerdo con el planteamiento de una teoría separatista, que no solo no comparto sino que enfrentaré siempre con firmeza». Su fórmula —«unidad en lo distinto»— describe exactamente el tipo de equilibrio entre identidad regional y proyecto nacional que hoy vuelve a discutirse en buena parte de los países hispanoamericanos, Perú incluido, ante los renovados debates sobre descentralización y autonomías regionales.
Un capítulo pendiente para el pensamiento hispanoamericano
A pesar de esta convergencia notable con la tradición hispanista peruana, Terceros permanece prácticamente desconocido fuera de las fronteras bolivianas. Su obra se publicó de manera póstuma y dispersa entre 1998 y 2013, y buena parte de su correspondencia personal y sus cuadernos manuscritos —que datan desde 1951— aguardan todavía edición crítica. Con motivo del centenario de su nacimiento, un equipo de investigación boliviano prepara la publicación de una biografía intelectual que reunirá por primera vez el conjunto de su obra y su archivo personal.
Para un espacio de pensamiento dedicado a recuperar las raíces hispano-andinas de la identidad política peruana, el caso de Terceros ofrece algo más que una curiosidad biográfica, porque es la constatación de que el hispanismo integral fue una corriente de pensamiento que recorrió, con variaciones locales pero con una lógica interna compartida, buena parte de Hispanoamérica en el siglo XX. Vale la pena, cien años después de su nacimiento, que ese capítulo boliviano empiece a formar parte de la conversación.
