

PRINCIPIOS
Construcción de la peruanidad
Quien desee cambiar el Perú, debe pensar en la peruanidad.
El Perú es una comunidad política étnicamente heterogénea, donde la identificación con la peruanidad radica en la voluntad de ser parte de ella. Esta voluntad no es accidental ni antojadiza, sino vocacional—arraigada en la comunidad de sus ideales y de su historia, en las cumbres y en los abismos de su memoria. Esa vocación no puede sino llamarse espiritual, en palabras del ilustrado Víctor Andrés Belaúnde, el mayor exponente intelectual sobre el tema.
Si se piensa la peruanidad, su origen fundamental está en el mestizaje andino-hispano, el cual es incompleto y sigue complejizándose. Este país cada vez más mestizo, sin despojarse de su profunda herencia hispano-andina, ha bebido de otras tradiciones como la italiana, la china, la japonesa, la árabe y la pluralidad subsahariana, por nombrar solo algunas. Por ello, más allá del núcleo hispano-andino, contamos día a día con más elementos de otras culturas.
Actualmente, la peruanidad tiene dos grandes enemigos: el odio—sentimiento motor de corrientes supremacistas que dividen a la nación buscando minimizar a su contraparte, sea indígena o hispana—y el mercantilismo, granja de productos de consumo que pintan una visión superficial y frágil de la peruanidad.


Mientras el Perú navegue sin rumbo, seguirá sintiéndose como una nación casi fallida. Para remediar esta situación, se debe pensar el destino al que irá nuestra nave, y esto requiere pensar la peruanidad seriamente para construirla a partir de nuestras raíces históricas fundamentales amerindia e hispana. Memoria y destino, tumba y cuna, son los dos vértices de la brújula nacional. Como dijo Ernest Renán, «una nación es un cuerpo de personas que juntas hicieron grandes cosas y juntas las quiere volver a hacer».

