
La valoración de la herencia virreinal en el Perú es una deuda pendiente que se tiene frente a nuestra historia y los efectos del indigenismo.

Un incremento en el número de partidos políticos para las Elecciones Generales de 2026 y cientos de peruanos indignados al ser afiliados a partidos sin su consentimiento constituyen el pan de cada día de la política peruana.

En su bicentenaria historia, el Perú se mantiene en una encrucijada sobre su identidad, sociedad, corrupción política y forma de gobierno. Estas dudas constantes, a pesar de los años transcurridos, no han logrado conciliar una correcta visión nacional.

Frente a los constantes dilemas de orden y autoridad existentes entre la Municipalidad de Lima y Callao, es pertinente recordar la subsidiariedad como un principio fundamental del orden.

Veintiocho partidos inscritos se disputarán las elecciones del 2026, a todo esto se ven necesarias medidas para evitar la desintegración del poder político.

Cuando la legalidad basta para salvar la sociedad, la legalidad; cuando no basta, la dictadura.

El ethos peruano se manifiesta popularmente en diversas tradiciones y festividades, como de la Virgen de Chapi en Arequipa o del Señor del Mar en el Callao, valores y comportamientos que no se implantan de un día para otro en función de un acuerdo.