Hepabionta electoral
En la antesala de las Elecciones Generales, las encuestas aún no logran anticipar con claridad quiénes pasarán a una segunda vuelta. Sin embargo, hay algo que sí revelan con consistencia: un alto nivel de indecisión. Dejar todo para el final es una característica que —lamentablemente— padecemos. Normalizarlo no debe justificar la indiferencia frente a nuestro deber de votar a conciencia. Difícil creer que alguien quiera revivir la resaca de las elecciones pasadas…
Las próximas autoridades electas atravesarán retos de suma importancia. En el plano político, cohabitarán con una estructura parlamentaria distinta. Contaremos con una Cámara de Diputados y una Cámara de Senadores, lo que exigirá mayores niveles de coordinación, negociación y responsabilidad política. Si se ejecuta bien —lo cual depende de las autoridades que elijamos—, la bicameralidad puede elevar la calidad legislativa mediante una segunda instancia de revisión y un mayor equilibrio en la representación y el control político.
En el plano económico, nuestro «chanchito» está a nada de entrar al cilindro. El propio Consejo Fiscal ha advertido que el último Congreso adoptó decisiones que incrementaron el gasto público y, al mismo tiempo, debilitaron las fuentes de ingreso. El resultado es un notable menoscabo de las cuentas fiscales que compromete la sostenibilidad financiera del Estado. Los seleccionados para el partido de los próximos años podrán seguir ampliando el déficit fiscal o empezar a defender el equilibrio de las cuentas públicas. Nosotros somos el entrenador. Nuestro voto los elige.
Después de las elecciones, será fácil atribuir cualquier nivel de deterioro político y económico a quienes legislan. Por eso, la responsabilidad empieza ahora: elegir bien no es una opción, es una obligación. Un voto desinformado puede traducirse en malas decisiones públicas que afectan directamente la economía, la institucionalidad y nuestra calidad de vida. Con este contexto, las siguientes recomendaciones funcionan como punto de partida para afrontar estas elecciones con la seriedad que ameritan.
Primero, verificar si hemos sido designados como miembros de mesa. De ser el caso, completar las capacitaciones de la ONPE y asumir la función con responsabilidad. Será una jornada larga, pero nos corresponde afrontarla y cumplirla.
Segundo, saber por quién votar. Informarnos sobre las propuestas, trayectorias y antecedentes de los candidatos. Elegir con criterio, no por impulso. Destinar una parte del tiempo que hoy pasamos enganchados al celular, para informarnos y cumplir con responsabilidad nuestro deber cívico, aportará significativamente al país. Es un esfuerzo mínimo que puede marcar una diferencia real en la calidad de nuestras decisiones.
Tercero, entender cómo votar. Familiarizarnos previamente con la cédula de votación y con la forma correcta de marcar el voto: cruz o aspa dentro del recuadro del logo o foto. De lo contrario, nuestro voto podrá ser declarado nulo.
La cédula de votación cuenta con cinco columnas: (1) Presidente y Vicepresidentes; (2) Senadores a nivel nacional; (3) Senadores a nivel regional; (4) Diputados; y (5) Parlamento Andino. En las columnas de Senadores a nivel nacional, Diputados y Parlamento Andino se incluyen dos recuadros para ejercer el voto preferencial. Esto permite elegir candidatos dentro de una misma lista. En la columna de Senadores a nivel regional, en cambio, se incluye un solo recuadro.
Cabe resaltar que no tendremos dos Senados. La división en la votación responde únicamente a la forma en que se eligen los senadores. Treinta (30) senadores se eligen a nivel nacional, es decir, los vota todo el país. Los otros treinta (30) se eligen por distritos electorales. Contamos con veintisiete (27) distritos electorales. Cada distrito electoral elige un senador; a excepción de Lima Metropolitana, que elige cuatro (04).
Por último —y muy importante—, recordar que vivimos en una democracia. Ello implica respetar los resultados, sostener un debate sensato con el prójimo y reconocer que, más allá de las diferencias, todos buscamos un mejor Perú. Si el objetivo es el mismo, la discusión debe centrarse únicamente en el camino para alcanzarlo.
Las últimas elecciones fueron, en más de un sentido, un dolor de cabeza. La resaca fue política, económica e institucional. Para evitarla, el «Hepabionta» se toma antes: informarnos, racionalizar y cumplir con nuestro deber a cabalidad.
Por Doménico Fonseca Ramírez
