¡Habemus Papam!: León XIV, la impronta de Francisco y el futuro de la Iglesia.

Tras el fallecimiento del Papa Francisco, la espera se hizo corta. En la cuarta votación, al siguiente día de haberse iniciado el Cónclave, se vio la fumata blanca y la catolicidad estalló de alegría. El cardenal escogido para ser Papa fue Robert Prevost, que tomó por nombre León XIV y en su primer mensaje hizo clara mención al Papa Francisco, probablemente siendo esto un pronóstico de la senda a tomar durante su pontificado.

Durante los días previos al inicio de Cónclave, se especuló mucho sobre el camino que podría tomar la Iglesia. Por un lado, se tomaban en cuenta nombres como el cardenal Tagle, con el que se esperaba una profundización notable en el legado de Francisco. Otros consideraban que la Iglesia debía tomar un perfil conciliador, teniendo como posible «papable» al Secretario de Estado de la Santa Sede, Pietro Parolin. Esta opción se hacía más razonable, tomando en cuenta las grandes divisiones que tuvo la Iglesia durante el anterior pontificado, siendo notables, las tensiones con el clero «progresista» alemán y la polémica generada por los recordados «dubia», realizados al Papa Francisco por cinco cardenales en torno al inicio del Sínodo de la Sinodalidad. No obstante, en lo referente a Parolin, recibió duras críticas por sus negociaciones con el régimen chino al permitir la designación de obispos en el país asiático.

Por fuera de enfoques conciliadores y cercanos a reformas en la Iglesia, se alzaba la posibilidad (aunque remota) de un pontífice afín al pensamiento tradicional. Se especulaba que, tras las congregaciones generales de cardenales, podría haber algún clima de tensión u opiniones dispares sobre el futuro de la Iglesia. Sin embargo, todo lo anterior dicho quedó completamente en especulación.

Esto quedó así en buena medida por la acción del Papa Francisco, dado que, durante su pontificado designó a 164 cardenales alrededor del mundo, de los cuales, 108 fueron partícipes del reciente Cónclave. Tomando en cuenta que hubo 133 cardenales electores, resulta contundente la influencia que Francisco llegó a tomar. En buena medida, esto puede generar como lectura que Francisco entendió el límite temporal de su pontificado para poder lograr una reforma tangible, por eso apostó a asegurar el futuro y allanar el camino para que no se de vuelta atrás a sus iniciativas.

La elección del presente Papa, su mensaje buscando una «Iglesia sinodal» y nombrando en varias ocasiones al Papa Francisco, demuestran que, oficialmente la Iglesia ha ingresado en un periodo de continuismo moderado que no genera margen a futuros giros hacia una postura tradicional, más aún con un Papa joven al tener 69 años, tomando en cuenta que San Juan Pablo II fue Papa a los 68 años. A León XIV le espera un largo pontificado en el que tendrá que afrontar varias disputas internas dentro de la Iglesia, para ello tendrá que defender y mantener las verdades de fe y, al mismo tiempo, tener un estilo cercano y pastoral hacia el mundo, asemejándose a San Juan Pablo II y Francisco.

Son retos colosales los que le esperan al Papa, haciendo curiosa su elección de nombre, pues el nombre de León tiene un peso inmenso dentro de la Iglesia, teniendo como antecesores en nombre al Papa León I el Magno y a León XIII. Sobre el primero, basta decir que es recordado en la historia por su encuentro con Atila el Huno en el año 452 durante las invasiones al Imperio Romano. Cuenta la historia, que el Papa León I convenció a Atila de retirar sus tropas, haciendo que retroceda y no marche hacia Roma.

En cuanto al segundo, podemos recordar al Papa León XIII por su encíclica Rerum Novarum, publicada en 1891, que es considerada como la primera encíclica social de la Iglesia Católica. Dentro de su contenido se aborda la problemática social de los trabajadores, una crítica a la mentalidad empresarial de la época, al socialismo, al liberalismo radical y al rol del Estado en la vida de las personas, asemejándose a la idea de subsidiariedad.  En definitiva, un Papa de gran sabiduría que, con esta encíclica, dio inicio a la formación de la Doctrina Social de la Iglesia.

Como conclusión, en este momento de júbilo, a todos los católicos nos queda mantener el optimismo, centrarnos en la fe, la esperanza y la oración, confiando en aquellas palabras dichas por el Papa León XIV: el mal no prevalecerá.