El Salvador, país prisión

Desde que inició la nueva administración (gobierno) de Donald Trump, el plan para «hacer América grande de nuevo» incluía una serie de deportaciones masivas de inmigrantes, entre indocumentados y criminales probados, además de la cancelación de facilidades sociales como visas humanitarias a los solicitantes en curso. Algunos países como Perú aceptaron recibir a sus nacionales sin titubear, otros con resignación; pero entre los que se negaron a la deportación masiva está Venezuela. Es así como EEUU aplicó una nueva estrategia de deportación para sus «enemigos extranjeros», el método tuvo especial impacto en el régimen de Maduro.

Si algo caracteriza a Donald Trump es que, muy al margen de coincidir o no con su filosofía, se trata de un hombre que hace lo posible por cumplir lo que promete. En ese sentido, logró que a fines de febrero los EEUU reconozcan al Tren de Aragua como una organización terrorista internacional, algo que ya había sucedido con el M13 o «Mara Salvatrucha», el primero de origen venezolano, y el segundo estadounidense aunque fundado por migrantes centroamericanos, especialmente salvadoreños.

Parte del plan maestro de Trump para erradicar a los migrantes indocumentados fue primero invocar la Ley de Enemigos Extranjeros del siglo XVIII. Esta ley, aprobada inicialmente en medio de las tensiones con Francia en 1798, busca acelerar los procesos de deportación de extranjeros mayores de 14 años considerados como peligro para la seguridad nacional. Anteriormente, la base de Guantánamo en Cuba se utilizaba como centro de reclusión y de espera para luego deportar a extranjeros, ahora este trabajo se concentra en El Salvador.

¿Por qué El Salvador? Partimos de la condición de aliado clave en la lucha contra la migración irregular y las mafias internacionales tal como lo menciona la embajada de los EEUU en el país centroamericano. Con la llegada de Bukele a la presidencia y su lucha contra las pandillas y el crimen internacional se hizo una reforma penitenciaria para fortalecer los Centros de Confinamiento del Terrorismo (CECOT). Estos centros con capacidad de hasta 40.000 reclusos han despertado el interés de líderes de derecha patriotas que buscan penas y condiciones más duras para los delincuentes.

¿Acaso EEUU no tiene cárceles más eficientes y penas más duras? Claro que sí, incluso en algunos estados la pena de muerte es una opción válida. Queda más que claro que la infraestructura y hacer respetar el Estado de Derecho no es un problema. El objetivo va más allá del traslado de reos, sino que se concentra especialmente en migrantes y busca ejercer una presión indirecta apelando al impacto psicológico que generan las prisiones salvadoreñas y sus métodos de operación que hicieron que las ONG humanitarias se alerten. Para EEUU estas deportaciones significan la consolidación de su relación política con El Salvador y los líderes de derecha, para el país centroamericano, implica un negocio de casi 6 millones de dólares.

¿Tuvo efecto el traslado de extranjeros a El Salvador? De todas formas esta medida iba a generar un impacto, y EEUU ha logrado su cometido. Tras la inclusión del Tren de Aragua como grupo terrorista (incluso referido como «brazo armado» del régimen de Maduro), era de esperar que el siguiente paso sea la deportación de ciudadanos venezolanos. Inicialmente el dictador Maduro se negó rotundamente a aceptar deportados, irónicamente él mismo ofrecía vuelos humanitarios para repatriar a sus nacionales a Venezuela desde Sudamérica. Tras la exhibición de las deportaciones a El Salvador y la cancelación de la licencia petrolera de Chevron en Venezuela, el régimen venezolano cambió de parecer y ahora Maduro acepta recibir a sus nacionales acusados de ser criminales.

Finalmente, podemos concluir que el objetivo de EEUU al deportar inmigrantes a El Salvador es presionar a los países para que reciban a sus connacionales. Con esto EEUU le dice a los demás países que se lleven a su población penitenciaria, o será sometida al sistema salvadoreño actualmente etiquetado de inhumano por algunos organismos de derechos humanos. Valga decir también que muchos organismos que hoy velan por estos migrantes deportados y encarcelados, también abogan irónicamente por delincuentes probados que atentaron contra la vida de inocentes.