Evo Morales en Waterloo
Nuevamente Evo Morales se prepara para llegar a la presidencia de Bolivia, pero esta vez desde la clandestinidad. En los últimos 10 años, Morales renunció a su cargo como presidente, orquestó un complot para que su partido y aliados secuestren a la presidenta encargada y a la democracia en sí, logró posicionar al actual presidente Luis Arce, y hoy en día quien fue su principal caballo de batalla se convierte en su más grande rival partidario y político. En un escenario donde Colombia tiene a Petro, Chile a Boric, Brasil a Lula y Ecuador con una fuerte presencia del «correismo», Evo Morales desea retomar la línea política del Movimiento al Socialismo.
La disputa por el liderazgo entre el presidente boliviano Luis Arce y Evo Morales comenzó como una estrategia política favorable para Morales, un sector creía que el objetivo era impulsar a Arce como representante del partido político MAS y logre la continuidad de la presidencia hasta que Morales pueda postular. Recordemos que legalmente Morales no podía presentarse a la reelección inmediata tal como se había decidido en referendum. Esta disputa con el propio pueblo al que invocaba de manera conveniente, llevó a Morales a perder la legitimidad en sus últimos meses como presidente del país, pronto al perder el apoyo de un sector político y también militar se vio obligado a renunciar a la presidencia. El resto es historia, asumió la presidencia interina Jeanine Añez, quien luego fue destituida por el parlamento boliviano y acusada de liderar un golpe de estado, aunque para ser más precisos, dos golpes de estado, así lo llamó la justicia boliviana para justificar su orden de prisión. ¿Golpe de estado donde un presidente renuncia y ningún militar ni político lo destituye? Increíble pero cierto, una muestra más de lo que la mayoría parlamentaria de Morales y aliados pudo lograr.
A pesar de los retos que trajo la pandemia de COVID19, Luis Arce gana la presidencia en 2020 y logra mayoría absoluta tanto en la cámara de diputados como la de senadores en Bolivia, desde entonces comienza una disputa de poder y legitimidad partidaria con Morales quien buscaba hacer su retorno triunfal a la escena política. Sin embargo, Morales ya había pasado a segundo plano cuando Arce decidió ejercer todo su poder amparándose en la orden judicial que lo reconocía como líder indiscutible del MAS, pronto iniciarían los ataques verbales, los cismas entre facciones ya conocidas: «evismo» y «arcismo», esta tensión política se trasladaría a las calles llevando violencia y demostrando que Morales aún tiene poder para dividir y reclutar simpatizantes de su partido.
Sumado a lo anteriormente mencionado, Morales fue denunciado por trata de menores al conocerse el caso de una menor relacionada con el servicio de guardia juvenil. La situación de Morales se ha complicado a tal punto que sus investigaciones truncan la continuidad de su carrera política con miras electorales (y con justa razón), además cuenta con una orden de captura producto de las investigaciones que datan desde octubre del 2024. Este escándalo lejos de perjudicar su imagen entre sus seguidores, ha fortalecido la sensación de unidad entre los más allegados quienes argumentan que estas denuncias son jugadas políticas con el objetivo de sacarlo de la carrera electora.
El último aspecto a tener en cuenta es la participación de Morales en las elecciones de este agosto se daría a través de otro partido, ya no sería aquel que lo ha llevado a la máxima personalidad política por más de 10 años. Definitivamente después de que el Tribunal Constitucional de Bolivia reconoció a Luis Arce como líder del partido MAS, Morales ha quedado en segundo plano, no solo porque ha perdido el liderazgo entre sus simpatizantes, sino también porque legalmente ya no puede disputarlo con el actual presidente de la república. Es así como Morales anunció su participación a través del partido Frente Para la Victoria, pero en calidad de invitado, valga aclarar por los representantes de dicha agrupación. No es la primera vez que este partido participa en política, anteriormente impulsó la candidatura presidencial de Chi Hyun Chung, un pastor y político bastante conocido en dicho país.
A todo esto, ¿cómo impacta en el Perú la candidatura y una eventual victoria electoral de Evo Morales en Bolivia? La candidatura de Morales solo representaría una impacto directo en tanto este logre la presidencia, aún si el partido por el que pretende postular consigue una buena representación parlamentaria no tendría incidencia directa hacia el Perú. En una eventual victoria, lo primero que tendríamos que tener en cuenta serían los resultados de la segunda vuelta en Ecuador (abril de este año) puesto que ello implicaría que el Perú quede cercado por sus vecinos por una muralla dominada por la izquierda. En Ecuador el «correismo» personificado por Luisa González busca recuperar el poder, Perú tendría como vecinos a puro aliado de la dictadura de Nicolás Maduro. Actualmente, con Luis Arce, Bolivia es más o menos de izquierda, un «socialismo light» vamos a llamarlo, la disputa de poder entre Arce y Morales ha llevado a una errónea interpretación de que Arce ahora es de centro-izquierda o incluso un político de derecha.
Finalmente, podemos decir que la campaña presidencial de Morales para este 2025 se presenta no solo a impedimentos legales, cuestionamientos hacia su moral, y una lucha pendiente con su ex partido, el MAS; sino también retos de liderazgo en su partido anfitrión. Evo Morales parece tener todo en contra, sin partido oficial, sin aliados de peso, sin libertad, sin permisos legales, sin su base popular de antaño, está flanqueado por todos lados como Napoleón en Waterloo, pero la historia nos ha demostrado que no debemos subestimarlo. Una derrota puede significar para él posiblemente el fin de su carrera política, aunque también es posible que logre una victoria pírrica contra todo pronóstico, de todas formas estamos hablando de Bolivia. ¿Logrará Morales recuperar la presidencia de Bolivia, o siquiera poner en aprietos a los partidos opositores a través de la representación parlamentaria?
