El Streamer y el Alcalde: Un relato de olfato político
Hace pocas semanas, me enteré, de forma un tanto súbita, que un streamer llamado Speed estaba visitando Lima y que, como parte de su visita, había sido recibido como huésped de honor por el alcalde de nuestra capital, Rafael López Aliaga. Ignorando el hecho de que pasé una cantidad un tanto vergonzosa de tiempo preguntándole a un sinfín de amigos, familiares y conocidos quién era Speed, su visita me llevo a una conversación bastante interesante con algunos amigos que, al igual que yo, pecan de aburridos y piensan en política mañana, tarde y noche.
Durante esta conversación, surgió un pequeño (y además absurdo) punto de discordia: ¿Tendría efecto alguno la visita del streamer Speed en la popularidad de nuestro alcalde? En una especie de crossover extraño: ¿Podría Speed ayudar a Porky? Decidí sostener que sí. He de admitir que fue en parte por un profundo deseo de ser contrario. Sin embargo, ver la multitud plantada frente a la municipalidad mientras que el streamer, quien cuenta con unos 36 millones de seguidores, se refería a López Aliaga como su amigo y hacía que la multitud arengase a Porky, hizo que se me activase aquel instinto insoportable que tiene todo científico social, aquella necesidad casi que patológica de analizarlo absolutamente todo, a veces llegando hasta lo absurdo.
Mi raciocinio fue simple. Asumiendo que la multitud ahí presente tuviese entre 18 y 30 años, fuese una mezcla de estudiantes, jóvenes trabajadores y NiNis y que, a diferencia mía y mis amigos, fuesen personas relativamente normales, me pareció apropiado suponer que la multitud no era un grupo particularmente politizado. Esto no es decir que no tengan ideas básicas de donde están parados políticamente, solo que no dedican cada momento del día a pensar en la ciertamente frustrante política de nuestro país. Fue armado con estas suposiciones que sostuve que lo logrado con el streamer sería un rotundo éxito para López Aliaga ante la opinión pública.
Hace pocos días, tanto Datum como Ipsos decidieron permitirme inflar el pecho con orgullo y darle caricias a mi ego, arrojando resultados que parecían indicar que, en efecto, la aprobación del alcalde había subido. Según Datum, López Aliaga cuenta con una aprobación del 46%, mientras que Ipsos le da la más humilde pero aun así respetable cifra del 36%.
Antes de que reaccionen con la justísima ira que nos concede la mezcla de nuestros teclados y una columna leída a la mitad, permítanme aclarar algo: siendo completamente honesto, no, no creo que la visita de Speed le haya dado a nuestro burgomaestre la gasolina necesaria para ser la autoridad de elección popular con la mayor aprobación en nuestro país. Sin embargo, creo que si dilucida un par de realidades interesantes, en especial contemplando las elecciones presidenciales del año entrante, sobre López Aliaga.
La cuestión es francamente simple: Supo aprovechar y diferenciar sus oportunidades aquella semana. No olvidemos que poco después de la visita de Speed, el presidente legítimo de Venezuela, Edmundo González, visitó el Perú como parte de su gira latinoamericana. Sin embargo, no vimos a la maquinaría mediática de Renovación Popular explotar dicha visita, pese a la reunión entre González y López Aliaga, o por lo menos no de la misma forma que con Speed. ¿La razón? La lucha por la democracia venezolana es, en este país, una preocupación de las élites. Excluyendo a los ya casi 2 millones de venezolanos que residen en nuestro país, el regreso de la democracia a Venezuela es algo que preocupa a quienes tienen el lujo de preocuparse por la política internacional. ¿La visita de un streamer con más de 3 mil millones de vistas? Es, por donde se le mire, una ocasión mucho más popular, en cada sentido de la palabra.
A diferencia de otros líderes de derecha en nuestro país, López Aliaga parece haber aprendido del mensajeo político que mejor se acomoda a los diversos públicos que conforman su base. Mientras que Hernando de Soto pontifica sobre sus avances académicos en la economía del desarrollo y Keiko Fujimori emite y comparte pronunciamientos a favor del regreso de la democracia en Venezuela, el alcalde de Lima nombró, de forma simbólica, al streamer como su sucesor en el cargo por una hora. Puede parecer una tontería tremenda para quienes nos hacemos ilusiones de estar todavía en los albores de nuestra historia republicana, pero hace notar un nivel de instinto político el cual sus pares desde la derecha no parecen conocer o querer adoptar.
Pretender que esa visita por sí sola le dio aquel aventón a su popularidad es descabellado, pero señala, de forma clara, que el burgomaestre (RLA, Porky, como quieran llamarlo), cuenta con un olfato político que vale la pena tener en el mapa, puesto a que sugiere que el líder de Renovación Popular no peca del mismo elitismo discursivo que hemos visto ya tantas veces en candidatos de nuestra adolescente derecha.
