El Perú plural y una estatua

Este pasado 18 de enero, el burgomaestre de Lima, Rafael López-Aliaga, develó en el Cercado la estatua ecuestre de Francisco Pizarro, la que fuera colocada, movida, recolocada, guardada, puesta y repuesta a lo largo de varios años. Esta vez, se encuentra en el pasaje Santa Rosa. Todo ello, en el marco de los actos del cuadringentésimo nonagésimo (490) aniversario de su fundación.

La polémica que ha perseguido a este monumento desde que fuera instalado probablemente continuará. No es nuestro propósito documentarla. Sin embargo, sí estimamos necesario recordar a una de las voces que se alzaron sobre el particular. El historiador José Antonio del Busto (1932 – † 2006) escribió unas líneas en un periódico1, refiriéndose a la estatua y al rol de Pizarro en la historia de nuestro país:

A Pizarro –en bronce o barro, a pie o a caballo– pueden dejarlo donde está o ponerlo donde quieran, porque de todos modos Pizarro tiene ya un sitio en la historia universal y en la historia del Perú2.

Del Busto era consciente de que la adopción de una visión sesgada de la historia contribuiría a la falta de cohesión de los peruanos. En esta medida, insistió en no brindarle ribetes triunfalistas a dicha estatua y, más bien, comprenderla como lo que es: un reconocimiento del Perú –y de la propia Lima– a su «fundador» o, mejor, a quien liderara la Conquista y, con ello, el inicio del proceso de formación del país:

La Conquista del Tahuantinsuyo es un hecho irreversible registrado por la historia; sin embargo, este hecho necesita comprenderse bien. Pizarro no nos conquistó a nosotros, sino a los hombres del incario que son nuestros antepasados […]. Nosotros descendemos de los vencidos y de los vencedores, pero no somos vencedores ni vencidos. Somos el resultado de ese encuentro3.

Sin embargo, con ya casi doscientos años transcurridos desde que se jurara en ciertas ciudades la emancipación de la monarquía hispánica, el rol de Pizarro, así como el de las antiguas civilizaciones precolombinas, debe ser tenido como una de las piedras de la gran casa de la peruanidad. Una de las más relevantes4, pero no la única; solo es parte de ese conjunto multiforme que, día a día, manifiestan la realidad del Perú5.

Así como recordamos las graves injusticias que, entre otros, Rostworowski recordaba de aquel momento histórico, sugerimos que lo apropiado también es que, como peruanos, además de aceptarlo como «hecho irreversible», reconozcamos el legado hispánico (y el amerindio) como propio. En palabras de Del Busto, deberíamos «recoger nuestras dos ricas herencias, amalgamarlas y convertirlas en un solo patrimonio. Lo otro es desparramar, disociar, destruirnos»6.

Podrá, sospechamos, argüirse que el lugar de Pizarro en la plaza mayor7 tiene una centralidad indebida. Más aun teniendo en cuenta las injusticias advertidas. Sin embargo, el monumento a Taulichusco, que ahora compartirá el pasaje Santa Rosa con la referida estatua de Pizarro, recuerda precisamente, en palabras de Porras, que no es «exacto que Lima sea exclusivamente española por su origen, por su formación biológica y social y por su expresión cultural»8. Ambos elementos de la peruanidad están reunidos en este sitio que, tanto antes como con el establecimiento del «damero», viene a ser el corazón de lo que ahora es Lima –e inevitablemente, del Perú–. Como también señalaba Porras, la plaza «tiene una función cívica y es una síntesis institucional. En ella están […] el Palacio del Virrey, el Cabildo y la Iglesia. Dios, el Pueblo y el Rey, los tres grandes protagonistas del drama español del siglo XVI»9.

Precisamente, y específicamente con respecto a la estatua de Pizarro… ¿Acaso, en nuestra disfuncional vida pública, no es necesario recordarle a quien detente el poder el afán evangelizador con el que se estableció la ciudad sede del poder en esta parte de América y, con ello, del Juicio Divino que recaerá sobre sus actos, tanto virtuosos como viciosos? ¿Acaso los civiles no deberán ser conmovidos por las dos líneas parentales, tanto indígena como hispánica, que le hablan de la grandeza de este país? ¿Diferentes grandezas? Sí, pues nuestros padres siempre nos brindan distintas virtudes y vicios y, de su legado, nos corresponde engrandecerlo entregando un solar más ilustre10.

El asunto del mestizaje en nuestro país también es un tema controversial hasta en las políticas públicas más insospechadas. #Ushnu ha realizado este carrusel donde ha analizado la supuesta voluntad del INEI para suprimir esta categoría de las varias disponibles en los próximos censos poblacionales.

En la columna que hemos venido citando, Del Busto recordaba que el Perú debía sus fronteras «a dos conquistadores: el Inca Túpac Yupanqui, al que el Perú, por cierto, le adeuda un monumento en el Cusco11, y Francisco Pizarro, que ya lo tiene en Lima»12. Esperamos que Pizarro sirva de puente figurativo a los transeúntes de hoy, junto con otras figuras históricas, al inicio de ese gran proceso de creación de la actual configuración de la Patria. Solo un Perú más unido podrá enfrentarse a los retos actuales y del futuro. Ante la convulsión social, prudente introspección y reflexión sobre la totalidad de nuestra heredad.

  1. Busto Duthurburu, J.A. del (1997, 29 de abril). En torno al monumento a Pizarro. En: El Comercio, p. A2. Republicado en (2003). Tres ensayos peruanistas. (2da ed.). Fondo Editorial PUCP, pp. 49-53. ↩︎
  2. Id., ib., p. 49. ↩︎
  3. Id., ib., p. 50. ↩︎
  4. Como recuerda del Busto, «con Pizarro el Perú conoció la cultura occidental, habló el español y rezó a Cristo». Id., ib., p. 51. ↩︎
  5. No es menos cierta la realidad de «aisladas minorías» (Id., ib., p. 52) respecto del proceso de formación de la peruanidad. Su caso merece un análisis más pormenorizado y de mayor aliento, propósito que mal puede cumplir este trabajo. ↩︎
  6. Id., ib., p. 50. ↩︎
  7. Denegri Santa Gadea, M.A. (2015, 30 de marzo). ¿Plaza de armas? En: El Comercio. Disponible en: https://tinyurl.com/5c5mvywd. ↩︎
  8. Porras Barrenechea, R. (1999). La raíz india de Lima. En: Puccinelli Converso, J. (Sel.). Antología de Raúl Porras. Fundación M.J. Bustamante de la Fuente, p. 35. ↩︎
  9. Porras Barrenechea, R. (1965). El río, el puente y la alameda, p. 373. En: Pequeña antología de Lima. El río, el puente y la alameda. (2da ed.). Instituto Raúl Porras Barrenechea de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. ↩︎
  10. Y en el remiendo y cotidiano vivir de este hogar, deberá primar el discernimiento y la prudencia, a efectos de no caer en discursos simplistas o que desconocen las urgencias más próximas a las grandes mayorías. Aunque es hipotéticamente posible apreciar los gestos simbólicos, estos deben tener un fundamento detrás para, luego, ser el emblema o representación señera de algo. Para unas consideraciones en clave crítica, véase Meléndez Guerrero, C. (2025, 26 de enero). Francisco Pizarro y los puercos. En: El Comercio. Disponible en: https://tinyurl.com/5vwcmk89. En «respuesta» al profesor Meléndez, señalaríamos que esta no es la única política del burgomaestre metropolitano. Ciertamente es la más bulliciosa de este mes. Pero no se da en un vacío. Así como muchas propuestas han sido cuestionadas, otras merecen una mejor recepción. ↩︎
  11. De quien, al parecer, no existirían estatuas en la capital del departamento; véase la siguiente nota de RPP: https://tinyurl.com/mrywzwm5. Habría una en la localidad de Levanto, en Amazonas. Asimismo, el B.A.P. Unión lleva al referido gobernante inca en su mascarón de proa: https://tinyurl.com/47zduaje. ↩︎
  12. Busto Duthurburu, J.A. del (2003). En torno al monumento a Pizarro, cit., p. 52. ↩︎