Yoon Suk Yeol, el presidente del Corea del Sur, fue suspendido de sus funciones en un segundo intento por parte del Parlamento luego de que decrete una ley marcial no vista en el país desde la dictadura de Park Chung Hee en la segunda mitad del siglo XX. En medio de los incidentes políticos que envuelven al presidente ya cesado de funciones, existe una constante disputa ideológica y de paranoia social: la amenaza norcoreana. En el otro extremo se ubica otro fenómeno que ha acompañado al país desde su nacimiento y que resulta naturalmente repetitivo en cualquier república: la corrupción. Veamos pues, las dos caras de la moneda que envuelven una fallida ley marcial que trajo recuerdos oscuros a los surcoreanos.

El treceavo presidente de la República de Corea, quien visitó el Perú a mediados de noviembre para la cumbre APEC, indicó el jueves 5 de diciembre que las fuerzas opositoras al gobierno coordinaban políticamente desde el Parlamento con el gobierno de Corea del Norte. Con insuficiente sustento, el presidente Yoon afirmó que existe una relación entre las mociones de censura del Parlamento a los ministros y un apoyo expreso a la ideología «juche», el comunismo al estilo norcoreano. Yoon resucitó la alerta ciudadana frente a la amenaza norcoreana, que valga decir, es real, y que ciertamente tiene preocupadas a las autoridades desde la separación de la península. Uno de los grandes logros de los que se jacta la política surcoreana es su avance en materia de institucionalidad y derechos humanos, entre otros logros está el derecho a la libertad, la religión y a la nacionalidad, es por ello que muchos norcoreanos intentan huir de su país para llegar al sur y obtener la nacionalidad. La declaratoria de la ley marcial se dio de noche y sin previo aviso de anuncio del gobierno, según afirmó el presidente Yoon, el objetivo era «fortalecer la democracia frente a la amenaza norcoreana y sus aliados».

Por su parte, el Parlamento, también llamado Asamblea Nacional de la República de Corea, se trata de un organismo de una sola cámara donde la oposición tiene una ligera ventaja en cuanto a escaños frente al Gobierno. El presidente Yoon encabeza al Partido del Poder Popular (de derecha conservadora), y por otro lado se encuentra el Partido Demócrata de Corea (de centro izquierda). Desde que Yoon asumió el mando del gobierno surcoreano se enfrentó a las fuerzas de la oposición pero no por ello estuvo libre de acusaciones de corrupción y falta de efectividad. Uno de los escándalos más recientes del entorno del presidente gira en torno a las costosas adquisiciones de su esposa. Luego de decretarse la fallida ley marcial que duró solo unas cuantas horas, Kim Yong-hyun, el entonces Ministro de Defensa, intentó suicidarse tras el allanamiento a la oficina del presidente Yoon. Kim fue acusado de haber sido asesor y partícipe de la decisión de la declaratoria de la ley marcial.

La situación actual del gobierno surcoreano es cuanto menos difícil de conciliar para los países latinoamericanos donde existe una proyección cultural y comercial con miras al Asia Pacífico, al igual que un respeto por los modelos institucionales de las potencias asiáticas. En ese orden de ideas, Corea del Sur ha representado, no solo para el Perú, sino para el mundo, un ejemplo de recuperación económica sin precedentes. Hoy, con la destitución del presidente Yoon y el congelamiento de sus funciones, el nuevo encargado del gobierno es el Primer Ministro Han Duck-soo, mientras la Corte Constitucional decide el destino del presidente Yoon.

El caso de Corea del Sur nos recuerda a la realidad de Sudamérica donde sistema de pesos y contrapesos entre poder legislativo y ejecutivo parece más una competencia de poder. El Perú ya fue testigo de vacancias y disoluciones del Congreso, y la ley marcial de Yoon Suk Yeol que acabó con su presidencia es una réplica del autogolpe de Pedro Castillo. Lo mismo sucedió en Ecuador cuando el entonces presidente Lasso disolvió el Parlamento para convocar a elecciones, y en otro extremo también tenemos a la disolución del Congreso por parte de Maduro en 2017.

Finalmente y reiterando, el destino del cargo del presidente Yoon queda en manos de la Corte Constitucional, sin embargo, aún en un supuesto de que exista posibilidad de su retorno a la primera autoridad de la República de Corea, lo que ya tiene perdido es el poder popular, irónicamente, el nombre de su partido. Yoon ya no cuenta con el apoyo ni de su propio partido, es por ello que hasta militantes suyos votaron a favor de destituirlo. En las calles el panorama no es diferente, de hecho cientos de surcoreanos salieron a las calles a celebrar la destitución del presidente Yoon puesto que su retiro del cargo implicó el restablecimiento de la paz institucional, lo opuesto a la sensación de pánico y los recuerdos de la dictadura del siglo pasado.