Después de muchos años de lucha contra el cáncer y juicios continuos o por diversos procesos penales, el expresidente Alberto Fujimori falleció este 11 de septiembre a los 86 años, el mismo día y a la misma edad que su gran rival, Abimael Guzmán, el líder del grupo terrorista Sendero Luminoso. Tanto Fujimori como Guzmán fueron personajes a los que la historia les rindió culto en vida, aunque uno murió en la cárcel y otro salvó de ella, ambos fueron denunciados por crímenes de lesa humanidad y desarrollaron una filosofía que los llevaría a ser antítesis del otro.

La tarde el 11 de septiembre del 2024 las redes se llenaron de un reporte sobre la salud de Alberto Fujimori, algo que ya no era novedad y que algunos acusaban de «cortina de humo» cada vez que sucedía algo de gran importancia en la política peruana. ¿Qué hecho se estaba buscando «encubrir»? ¿Los nexos de Andrés Hurtado (conocido presentador de TV) con jueces y políticos? ¿Los audios de un ministro investigado por abuso de autoridad? Pero, sobre todo, lo más extraño fue, ¿por qué Fujimori no fue trasladado a una clínica privada estando a solo cuadras de las mejores de la ciudad (en el distrito de San Borja, Lima)? Según su médico personal y también congresista Alejandro Aguinaga, el ex presidente no habría tenido una recaída de salud como las anteriores sino que esta vez Fujimori estaba «luchando por su vida». Parecía que el fin del «Chino» era inminente y pasadas las 6 de la tarde, se confirma que Alberto Fujimori había fallecido, primero por su abogado y luego por su hija. La sorpresa invadió a la comunidad acostumbrada a ver sus bajones de salud cada cierto tanto para luego verlo más sano que antes y recibiendo el afecto de sus seguidores. Para algunos se había ido el mejor presidente del Perú y el salvador frente al terrorismo y la inflación; para otros, el último dictador del país, que se fue sin pagar por los crímenes imputados.

Con el pasar de las horas y en medio de las transmisiones de la prensa, diversas personalidades se expresaron con pésame, ánimo festivo o incluso ira frente al deceso. A excepción de Pedro Castillo, quien curiosamente utiliza redes sociales desde la cárcel y permaneció en silencio, todos los ex presidentes vivos dejaron de lado sus posturas para lamentar frente a la familia Fujimori la pérdida de su líder. Quien no se quedó callado fue el prófugo Vladimir Cerrón que se expresó a través de sus redes atacando tanto a Fujimori como a los «caviares». En horas de la noche, el gobierno de Dina Boluarte decretó 3 días de luto nacional, activando así el protocolo y ceremonial que permite los funerales con honores de estado, un gesto muy bien recibido por los simpatizantes «naranjas» y rechazado por la izquierda. Cabe resaltar que, a fin de cuentas, se trata de algo que establece nuestra norma, y la la ley es la ley.

A todo esto, lo que quisiera destacar, más allá de hacer un journal sobre las últimas horas del ex presidente Fujimori y sus honores póstumos, es cómo queda la configuración del poder político tras su muerte. Queda en la consciencia colectiva de los grupos de derecha (que son varios) rescatar de Fujimori su lucha contra el terrorismo, la estabilidad económica y la formación del estado peruano actual con la Constitución del 93, especialmente por los grupos conservadores, quienes hacen mayor gala de sus valores patrióticos e invocan a Fujimori como uno de los ídolos o héroes de la historia del Perú. En cuanto a los más liberales, que suelen atender especialmente lo relativo a la libertad y la empresa, también destacan de Fujimori sus logros en la apertura comercial y la privatización. Finalmente, se encuentran los libertarios, que no se consideran ni de derecha ni de izquierda y que reniegan por los impuestos, pero que, para efectos prácticos, siempre tienen predilección por la derecha.

Respecto a los grupos de izquierda peruana, hace 5 años era mucho más sencillo agruparlos en progresistas (sobre todo el Lima) e izquierda indigenista (cada grupo con su propia identidad regional). Pero desde la llegada al Congreso de los 13 representantes por Unión por el Perú en 2020, nos dimos cuenta que su líder Antauro Humala, un asesino de policías excarcelado, tiene intensiones serias de llegar al poder. Entonces, ahora tenemos también a una facción de izquierda altamente peligrosa no solo para el intelecto de la sociedad y sus valores, sino también para los conceptos que tenemos de democracia e institucionalidad, pues Humala —ahora con su propio partido A. N. T. A. U. R. O., que forma las siglas de su nombre— ha prometido que de llegar al poder, cumpliría una serie de propuestas a todas luces sin sentido: fusilar ex presidentes, perseguir y condenar homosexuales, eliminar el Poder Judicial, etc.

El reto que tiene la derecha peruana hoy en día ya es de por sí su alta fragmentación, ha fracasado en las últimas elecciones en formar un bloque sólido republicano que le haga frente a los otros grupos de izquierda, que se unen para las elecciones y que luego se pelean y se dividen. Con la muerte de Fujimori, deben replantearse la formación un bloque con identidad única enfatizando los valores democráticos y de libertad que tanto pregonan o seguir resucitando la imagen del expresidente, una decisión que le hará daño a su propaganda y despertará el rechazo de quienes los tildan de fanáticos y carentes de identidad partidaria. (En ese caso, mejor todos se hacen fujimoristas confesos y fin, ¿o no?).

Para la izquierda peruana la situación resulta más práctica pues podrá seguir explotando la imagen de Alberto Fujimori como ícono negativo al que llaman ex dictador, renegando y exigiendo por las reparaciones que no se dieron, por el sueldo vitalicio, por la permanencia de la cúpula fujimorista en el Congreso y demás instituciones, por la mera existencia de Keiko y todo aquel que se apellide Fujimori, y tildando de fujimorista a todo aquel que no comparte sus ideas. Hemos de reconocer que los movimientos de izquierda fueron promotores históricos de la legitimación de diversos derechos fundamentales como los laborales y demás, pero que hoy en día tienen objetivos ideológicos internacionales que buscan impunidad para sus pares. Existen muy pocos países en el mundo que aún viven regímenes herméticos socialistas y son países fallidos, quiénes defienden esas dictaduras? Exacto, la misma izquierda peruana con memoria y dignidad.

Puedo concluir que la partida de Alberto Fujimori devuelve el liderazgo del fujimorismo a su hija Keiko, ella deberá reflexionar no solo sobre el futuro de su partido, sino también de la continuidad de su apellido en la política. De ser ese el caso, comprenderá que solo su hermano Kenji representa una puerta a la continuidad de los Fujimori, aunque actualmente está alejado de la política. Luego de ello, el fujimorismo entrará en una fase de cuasifilosofía política generada solo como homenaje a su fundador. Como mencioné antes, la derecha peruana tiene como tarea formar un bloque único republicano de libertad y democracia, si no quiere seguir dividida en conservadores y liberales que coinciden en celebrar «lo mejor de Fujimori» como un refrito de los 90. Y la izquierda peruana de momento podrá seguir denunciando que su partida se dio sin el pago de reparaciones mientras continúa culpando a su hija y a su partido por las desgracias que generan al país, tanto ellos como la derecha ya sea en el Congreso o en otras entidades (hemos de reconocer).

En cuanto a la ciudadanía, le toca reconocer que los ídolos políticos de la década pasada ya están en extinción, han de investigar muy bien a los políticos jóvenes quienes llevarán el curso del país en los próximos 5 a 10 años. Alan García murió antes que el resto y por mano propia, Toledo cumple 80 años en 2026, Pedro P. Kuczynski cumplirá 89, y si Pedro Castillo con 45 años recibe la pena de 35 años de cárcel por golpista entonces saldría libre a los 89 en 2059 si no fallece antes tras las rejas. La actual presidenta parece que encontraría un mejor rumbo alejándose de la política y fortaleciendo sus nexos con los partidos del siguiente Congreso si quiere salvar su carrera política y su pellejo de su sinfín de investigaciones, o tener poca vergüenza y postular como senadora, algo muy poco probable.

Finalmente, mi mensaje para el lector es que haga su labor política como ciudadano, que se informe, cultive su educación cívica, evite los fanatismo, que no espere nada de los políticos, sino que comprenda el sistema y, quizá, se anime a hacer política por el país. Nuestra historia nos ha permitido gestar una democracia, con sus errores pero funcional, tenemos el poder de decidir y hacer de este un mejor país. Mientras podamos creer, podremos crecer.