La mudanza del Aposento
La selva peruana, un espacio en constante expansión, no es ajena a los problemas de propiedad que son comunes en cualquier comunidad política. Estos conflictos se presentan entre la misma población local como con la actuación de entidades gubernamentales y, más recientemente, de oenegés o cultos. El caso tratado aquí ilustra esta situación.
Comencemos con el preámbulo de esta historia. Desde la llegada de grupos presbiterianos en 1910, las agrupaciones protestantes han buscado expandir su presencia en la región mediante el proselitismo y la creación de sus propias comunidades. Esto se evidencia en los métodos prácticos empleados por los adventistas y el Movimiento Misionero Mundial desde los años 90 que consistieron en crear influencia en San Martín, los primeros mediante administración, educación y proselitismo en las invasiones recién formadas en las ciudades y los segundos a través de la creación de obras de caridad y colonias de pueblos pequeños. A pesar de esos esfuerzos rápidos, es evidente que la mayor debilidad protestante es su atomización. Pasó con los presbiterianos y sucede con los pentecostales, pues diversos pastores crean movimientos más regionales. Ese es el caso del pastor Oiser Ramos.
Ramos, formado en el entorno evangélico presbiteriano de la ciudad de Moyobamba, se desligó de aquella congregación para crear su propia comunidad y movilizar a diferentes congregaciones independientes al menos desde 2018. Además, junto a su esposa de origen dominicano, construyó una pequeña presencia económica en el Mayo desde hace 5 años, con el pretexto de ‘apoyar la cultura regional’ y preparar terrenos para la venta. Discretamente, dejaron pasar dos años antes de que sus operaciones y maquinaria de propaganda se expandieran desde mediados del año pasado. Con promesas de obras de caridad para los más pobres y propiedades baratas lograron convencer e interesar a gran parte de la población, además, jugó a su favor otro notable factor: muchos accionistas originales del proyecto estaban involucrados con la Fiscalía local, especialmente los envueltos en comunidades evangélicas.
Lamentablemente, las promesas de soluciones simplistas pero atractivas pueden causar que muchos se apunten a cualquier tipo de proyecto y curiosamente los oportunistas notaron que las congregaciones no dudaban de la honradez del pastor. Es así como Oiser presentó un proyecto formalmente a la población en diciembre del año pasado que consistía en la creación de al menos dos mil casas «Estilo Frankfurt» por precios absurdamente baratos o incluso la construcción de un centro comercial, específicamente una sede de Walmart. Además de esas ofertas titánicas, el reverendo Oiser sorteaba lotes de terreno a diez soles en República Dominicana ya que en sus planes se mencionaba la creación de una colonia peruana.

Imagen tomada de Diario Amanecer
Los sectores populares y rurales, entre ellos los pertenecientes a congregaciones evangélicas, no dudaron en respaldarlo, comenzaron a extender «misiones de caridad», siendo uno de sus principales puntos de actividad la localidad de Yantaló. Ramos, en su mejor momento, llegó a manejar casi cinco millones de soles y una imagen «sanitizada» gracias a la prensa local; colaboraron especialmente los medios que comparten sus creencias religiosas.
Pese a ello, no dejó de tener detractores, principalmente a causa de la demora en la ejecución de las obras. La situación empeoró a inicios de mayo de este año cuando se constató que las webs de los supuestos financistas carecían de credibilidad. Las sospechas se materializaron en una denuncia colectiva por estafa contra el pastor, representada por el conocido abogado local César Arévalo. La indignación de los pobladores se acrecentó aún más al saber que los lotes prometidos realmente no eran suyos. Cual tragicomedia, las sorpresas no cesaban, pues al siguiente mes continuaron apareciendo más cuestionamientos debido a que el pastor estaba abandonando obras y al mismo tiempo borrando de sus redes sociales las pruebas de los proyectos que ofrecía. La situación se agravó cuando se descubrió que Ramos tiene una sentencia de tres años de prisión suspendida por girar cheques sin fondo y está siendo investigado por el delito de usurpación.
Como era de esperar, pretendió ampararse en sus «apostolados caritativos» donde buscaba comprar con sacos de arroz la confianza de las personas, además de aceptar realizar reembolsos. Al tener una reputación dañada pretendió desaparecer con la excusa de reunirse con sus inversores alemanes y nigerianos, su última aventurilla fue intentar querellar a un periódico local por denunciarlo continuamente.
¿Puede entenderse esto como un caso aislado? No, pues en la selva, la zonificación resultante de la urbanización acelerada de nuestras ciudades en la última década ha permitido que diversas personas propongan proyectos ficticios para conseguir dinero fácil y este es un problema muy importante que trasciende sectas u organizaciones. Hay modos de mitigar este tipo de situaciones, como lo es el impulso de una cultura de ventas de propiedad concisa pero no simple.
Lamentablemente estos sucesos han funcionado con el beneplácito de los empleados de entes administrativos locales e incluso podemos mencionar otra situación similar: la controversia de la laguna de Ricuricocha. Sin lugar a dudas, la estafa del Oiser Ramos nos muestra lo sencilla que puede tornarse la deshonesta tarea de cautivar a gente humilde o aprovechados con engaños y más si se cuenta con el respaldo de los líderes de la comunidad.
