La tarde del 26 de junio fuimos muchos los sorprendidos al ver tanquetas al rededor de la plaza central de La Paz, algo usual cuando hay protestas violentas, pero esta vez no estaban ahí para resguardar el orden público sino mas bien asediar a las instalaciones del gobierno. Ante las cifras de impopularidad del presidente Arce y las medidas económicas que dejan a Bolivia entre los países con mayor inflación de la región, nos preguntamos si es que estos militares rebeldes obedecían a una consigna de liberación, o a un plan mucho más elaborado.

Dos cosas preocupan ahora a los bolivianos, la primera es economía, la cual se ve golpeada por la inflación que ha permitido el encarecimiento del dólar y el euro, además la subida de precios en los productos básicos y el combustible desesperan a la población. Este complejo escenario se da en medio del ingreso de Bolivia al Mercosur para impulsar su cooperación económica internacional, especialmente con Brasil y Venezuela que forman parte del «club de los socialistas» (aunque en el caso de Brasil al menos existe alternancia en el poder) y posiblemente con Colombia que es un estado asociado no miembro, y quizá seguir reforzando lazos con el entrante gobierno en México que será continuidad de AMLO. El oficialismo encabezado por la ministra de presidencia alega que parte de la crisis económica en Bolivia se da por bloqueos políticos de parte de Evo Morales, Lo cierto es que las medidas económicas en Bolivia se destinan a la burocracia y cargos públicos básicamente para partidarios y programas altamente populistas.

Lo segundo es la política doméstica, especialmente porque el próximo año hay elecciones presidenciales y el actual partido a cargo del país (desde hace ya Dios sabe cuantos años) es el MAS (Movimiento al Socialismo) en el cual se da una pugna por el poder por parte de Evo Morales y el actual presidente Luis Arce. Recordemos que en Bolivia la mayoría partidaria y concentración de poder genera un desgaste de garantías democráticas desde hace más de una década, por eso muchas veces fue comparado con Venezuela que es prácticamente una dictadura. Desde que Morales intentó huir del país sin éxito, luego hubo una breve alternancia en la dirección del país por Jeanine Añez, hoy presa supuestamente por un golpe de estado tras tomar el poder constitucionalmente y por abandono de cargo por parte de Morales, luego nuevamente el MAS tomó el poder nombrando a Arce como presidente de la república.

A veces en Latinoamérica nos quejamos de la clase política pero le volvemos a dar la confianza porque «más vale malo conocido que malo por conocer». Es así como en medio de tanto caos político (que por cierto, nos recuerda al Perú: 1 autogolpe, 1 renuncia, 1 vacancia y 6 presidentes en 5 años) la gente supo dos cosas: que Arce en efecto hace mal gobierno, y que pese a ello un golpe de estado no es la solución a los problemas del país. De la misma manera en que hoy nos debatimos la originalidad del golpe de estado fallido, también es válido debatir el distanciamiento entre Morales y Arce, al cual el ex presidente boliviano acusa de haber de fingir un golpe para ganar un poco de popularidad en medio del desagrado por la crisis.

Finalmente el gobierno salió victorioso a declarar que vencieron a los militares insurgentes, los mismos que pidieron disculpas públicas y el líder, el general Zúñiga, fue detenido. La OEA y demás estados condenaron el intento de golpe, la población «salió a defender la democracia» y Luis Arce pasó de villano a víctima, y luego a héroe. Este nuevo capítulo en la política boliviana le sirvió a la comunidad internacional, especialmente a la región sudamericana, que Bolivia tiene aún algo de dinamismo político, que puede haber un poco de acción en medio de todo el poder copado por el régimen casi unipartidista. Fallido o no, inventado o no, quienes somos defensores de la democracia sabemos que esa no es la solución, así no. No sería sano para Bolivia y su institucionalidad en proceso de sanación que exista un régimen de facto. Bolivia puede cambiar su clase política en las urnas con verdadero espíritu democrático y mucha esperanza.