Una reforma electoral urgente
El panorama político peruano se ha fragmentado gravemente desde el cierre del Congreso por el expresidente Martín Vizcarra. En las elecciones generales del año 2016, alcanzaron curul seis partidos; en el 2020, nueve; mientras que en el 2021 llegaron al parlamento diez bancadas que se fueron dividiendo, como es costumbre, en grupos que llegan a ser hoy doce. En relación a lo señalado, se ve la necesidad de formular la interrogante ¿Qué tan problemática es la fragmentación o atomización política para la estabilidad social del país?
Vemos con claridad que algunos grupos son reelegidos desde el 2016 en el parlamento —Alianza para el Progreso, Fuerza Popular, Acción Popular— y tres desde el 2020 —Somos Perú, Partido Morado y Podemos Perú— mientras que algunos desaparecieron por falta de apoyo popular —Frente Amplio, Peruanos por el Kambio, Partido Aprista, Frepap, y Unión por el Perú—. Notamos que en 8 años han desaparecido del Congreso cinco partidos mientras lograron ser reelegidos seis. Actualmente, contamos con veintiocho partidos inscritos y con expectativas de llegar a treinta, una cifra altísima y que estancaría la labor del congreso por falta de consensos y minaría la legitimidad del ejecutivo, en un escenario donde los candidatos del balotaje no estén ni cerca de sumar la mitad de votos en primera vuelta. Ahora cabe señalar ¿Hay idea de cómo combatir la fragmentación del sistema de partidos?
Para contribuir al debate se ven necesarias reformas al sistema electoral, planteadas previamente por el colega Javier Albán, pues una o dos reformas a las reglas electorales pueden cambiar mucho el resultado final. Ante lo mencionado, presentaré solo una idea, la cual planteó el sociólogo Fernando Tuesta Soldevilla y recientemente apoyó el constitucionalista Domingo García Belaunde, y traigo aquí por que no requiere una enmienda constitucional: reformar la ley orgánica de elecciones para elegir a los congresistas junto a la segunda vuelta presidencial.
La idea central de separar las elecciones congresales de la primera vuelta es el de condicionar el voto del elector para que demuestre su apoyo al candidato predilecto —los cuales contarán con una bancada oficialista y otra de oposición— o escoger candidatos ajenos a la polaridad. De esta manera, se busca que el Ejecutivo escogido tenga una bancada que pueda sostenerse y evitar una grave inestabilidad como las que tuvieron PPK y Vizcarra en sus respectivos periodos. Ahora, si en el balotaje llegan dos candidatos que suman menos de la mitad del total de votos se tendría la opción de un voto alternativo realmente efectivo post primera vuelta -distinto a solo votar en blanco en la segunda- que se canalizaría en bancadas con capacidad de controlar y equilibrar políticamente a un presidente con muy bajo apoyo.
Por otro lado, se evitaría la proliferación de minicaudillos y atomización política, puesto que en el presente siglo cada elección general es una rueda de la fortuna, el deseo de saber quiénes serán elegidos. Al efectuar su ejercicio al voto, los ciudadanos se encuentran frente a una avalancha de candidatos novedosos y partidos desconocidos que son favorecidos por la gran simpatía del pueblo peruano a los “outsiders”. Asimismo, la medida favorece a que no se dé el voto a ciegas a las autoridades en un solo día, promoviendo así un voto estratégico en dos tiempos; no obstante, al alcanzar la segunda vuelta, los candidatos presidenciales tendrán menos razones para aventurarse solos, ya que sus partidos no tendrán el efecto arrastre de la primera vuelta para llegar al Parlamento.
En modo de reflexión, hay que resaltar que la ya aprobada bicameralidad favorecerá la consolidación de élites partidarias y encapsulación de la guerra política entre oficialismo y oposición dentro del Congreso, reforma que jugará en pro de la estabilidad política. De igual manera, existen diversas propuestas de reforma que pronto se tendrán que poner en debate desde el Legislativo y la sociedad civil: nueva descentralización, reelección inmediata de autoridades locales, reforma del sistema de justicia, circunscripciones electorales pequeñas para diputados, flexibilizar el financiamiento privado a los partidos, etc.
Finalmente, el hecho de que se puedan aprobar cambios importantes en el Congreso, como fue la restauración del senado, da muestra de que hay voluntad y poder de lograr amplios acuerdos para reformas políticas, la cuestión será encontrar proyectos positivos que los legisladores estén dispuestos a aprobar, por ello defiendo una propuesta que considero fácilmente asimilable por la clase política, la que seguro está interesada en consolidarse y evitar competidores.
