Entre fines de marzo y fines de abril fuimos testigos de un nuevo episodio bélico entre Israel e Irán, estos dos países que no limitan entre sí han demostrado nuevamente que sus intereses geopolíticos están estrechamente ligados a su identidad nacional. La política iraní no fue una gran preocupación hasta la caída del Shá y el surgimiento de la república islámica al mando de los ayatolas. Por su parte, Israel siempre fue una región altamente complicada, desde los tiempos bíblicos un sinfín de pueblos se disputaron su mandato tal como lo grafica Nina Paley en su video «This land is mine». Este estado de violencia en Israel no ha cesado desde que se consolidó como país soberano en 1948, ya lleva casi 10 guerras con sus vecinos, incluso más guerras externas que muchos de los países sudamericanos como Ecuador con Perú.

El apoyo de Irán a los grupos armados Hamas y Hezbollah ha motivado diversas interferencias de Israel en la política iraní, especialmente el sabotaje en conjunto con occidente para evitar el progreso del programa nuclear iraní. Entre la Guerra del Líbano (de donde proviene Hezbollah) y la actualidad, hubo una serie de escaramuzas políticas y armadas hasta que a inicios de abril un ataque aéreo a un complejo de la casa del embajador iraní en Damasco (capital de Siria) terminó con la muerte de Mohammad Reza Zahedi, un alto mando iraní. Este ataque no pasó desapercibido y motivó a una contundente respuesta por parte de Irán. Días después, Israel sufrió el ataque iraní con parte de drones y misiles a altas horas de la noche. El propio Ebrahim Raisi, presidente iraní, amenazó que se cobrará venganza con armas no antes vistas.

Una semana después se realizó en Estados Unidos una convocatoria masiva en distintas universidades para protestar contra la guerra entre Israel y Palestina debido a que las incursiones israelíes para buscar a miembros de Hezbollah resultan en ataques a edificios y ciudadanos palestinos. Los recientes ataques entre Israel e Irán han empeorado la situación de la seguridad internacional en Medio Oriente, especialmente para los ciudadanos palestinos que son constantemente amenazados y víctimas del fuego cruzado. Las protestas en Estados Unidos llegaron a su punto más álgido en Columbia (New York) donde los estudiantes se amotinaron tras acampar por días en el campus y tomaron los pabellones universitarios, luego fueron desalojados por las fuerzas del orden, acto replicado en Texas en la Univ. de California Los Ángeles (UCLA) y apoyado por tanto por el gobierno como representantes del Partido Republicano. La principal exigencia estudiantil es el cese de la violencia de Israel a Palestina, a partir de ahí se desprende una gama más amplia de peticiones que varía dependiendo de la universidad y los grupos que convocan a las protestas. Para el caso más emblemático, el de la Universidad de Columbia, la exigencia era la «desinversión» (que en pocas palabras, implica lo opuesto a la inversión) de los fondos universitarios en empresas ligadas a Israel, otros campus suman a la protesta la prohibición del uso de armas.

Para algunos medios, el conflicto de Israel con Irán ha escalado a un nuevo y preocupante nivel, pero para quienes tenemos años revisando su tóxica relación histórica sabemos muy bien que es más sensacionalismo. Suena romántico decir que judíos, musulmanes y cristianos tienen mucho en común porque comparten su origen en Abraham y las escrituras, pero en realidad, los judíos ya habían desarrollado una cultura aparte mientras estaban en su exilio por generaciones. Al volver a Tierra Santa los judíos ya parecían más europeos que semitas, ese cambio radical de cultura dominante sobre Palestina es lo que genera el choque. Al instalarse en Tel Aviv aprovechando la declaración favorable de la ONU, hubo un intercambio de mando en Palestina, se retira el gobierno británico y se instalaba otro «extranjero» en su lugar.

Si tenemos en cuenta que Israel nace como estado en 1948 y en ese mismo año tiene su primera guerra extranjera como país independiente, vemos que para este año (2024) van 76 años en conflicto sin descanso, son 6 docenas de años (y un poco más) que Israel no encuentra paz real con los pueblos árabes y que sigue recibiendo financiamiento de occidente como si fuera un rezago del imperialismo del siglo pasado.