El Perú en los años de la independencia
El 28 de julio se conmemora en nuestro país la declaración de la independencia, dada por el general rioplatense José de San Martín en la Plaza Mayor de Lima en 1821. ¿Cuál era el contexto histórico del Perú en aquellos años? ¿Cómo era nuestro país en los albores de la independencia? ¿Cuál era el panorama sociopolítico? ¿Realmente se logró la consolidación de una nación?
Los primeros años del siglo XIX fue periodo muy convulso no solo en América, sino también en Europa. En el año 1808 se dio la invasión de las tropas napoleónicas a la Península Ibérica, que supuso el debilitamiento de la monarquía hispánica. El rey Carlos IV de España decidió abdicar en favor de su hijo Fernando VII, sin embargo, este último renunció al trono en Bayona.
En ese contexto, se formaron en España juntas de gobierno locales que seguían el corpus jurídico hispánico, en el que el poder político retornaba al pueblo. Tal fenómeno se replicó en las juntas americanas de Chuquisaca (1809), Caracas (1810) y Buenos Aires (1810). Estas juntas reclamaban mayor autonomía. Las disputas por el poder político entre la junta central peninsular y las juntas americanas, además del absolutismo de Fernando VII en 1814, derivarían en la formación de movimientos independentistas en el Río de la Plata, Nueva Granada y Nueva España.



El caso del Perú fue bastante particular, el historiador británico John Lynch lo calificó como una «revolución ambigua». Durante los años de ocupación francesa (1808-1814), la mayoría de los criollos peruanos apostaban por una reforma en lugar de la independencia, por ejemplo, Hipólito Unanue, Toribio Rodríguez de Mendoza o Vicente Morales Duárez. En ellos surgió, desde la segunda mitad del siglo XVIII, una incipiente peruanidad, elemento compatible con la pertenencia a una monarquía transatlántica que representara el orden, los valores religiosos y los lazos culturales.



A diferencia del Río de la Plata, los intentos por formar juntas de gobierno fracasaron: en Tacna, Francisco Antonio de Zela (1811) y Enrique Paillardelle (1813); en Huánuco, José Crespo y Castillo (1812); y en Cuzco, los hermanos Angulo y Mateo Pumacahua (1814). Asimismo, el virreinato peruano se conformó como el centro neurálgico de la contrarrevolución americana con Fernando de Abascal a la cabeza. El envío de tropas del Ejército Real del Perú a Quito y al Alto Perú, con el fin de sofocar potenciales focos de independencia, fue una campaña exitosa.
No obstante, el alzamiento del coronel Rafael de Riego, en España, demandando la reinstauración de la Constitución liberal de 1814, provocó la disolución de milicias de ultramar que asistirían a las tropas realistas en América, también el inicio del Trienio Liberal (1820-1823). Este evento tuvo como consecuencia que buena parte de las élites peruanas cambiasen de pensamiento y apoyen a la independencia.
Cabe recalcar que hubo muchas tendencias políticas durante los años precedentes a la independencia, por lo tanto, hablar de una visión dinámica del pensamiento hispanoamericano es mucho más preciso. Historiadores como Jorge Basadre o Víctor Andrés Belaúnde explicaron la existencia de múltiples sectores involucrados, desde los que apostaban por la independencia radicalmente (como José de la Riva Agüero), pasando por los moderados (José Baquíjano y Carrillo o Hipólito Unanue) hasta los más fieles a la monarquía (Blas Ostolaza). Los hechos históricos entre 1810 y 1824 hicieron que cambiase la población en cuanto a su visión de la monarquía, la autonomía y, finalmente, la independencia (el paso del independentismo al realismo de José Bernardo de la Torre Tagle).
A nivel social, el Perú era heterogéneo, con una población de aproximadamente 1 millón 200 mil. De esta cifra, 119 mil 700 vivían en la intendencia de Lima, 230 mil 970 en la intendencia de Trujillo, 216 mil 382 en la intendencia de Cuzco y el resto en las intendencias de Arequipa, Huamanga, Tarma, entre otras. Adicionalmente, un poco más de la mitad de la población total (57 %) era de origen indígena hacia 1820, seguido por la población mestiza (27 %).
La mayor parte de ellos vivía en las intendencias andinas del virreinato y se dedicaban a la agricultura de subsistencia en las haciendas, a la minería, los obrajes en el sector rural y al comercio u oficios en las ciudades. Las labores estaban determinadas, en buena medida, por la posición social y la renta económica. El 12 % de la población estaba compuesta por los criollos y peninsulares, quienes residían en alta proporción en Lima, la costa y las principales ciudades andinas como Arequipa, Cuzco o Huamanga, debido a la cercanía de los cabildos. Entre ellos estaban desde los más pequeños comerciantes hasta los miembros de la aristocracia, que temían perder su posición. El 4 % de la población total estaba conformada por mulatos, libertos y esclavos, muy presentes en las haciendas azucareras y ciudades de la costa peruana. Esta heterogeneidad y complejidad de la sociedad del Perú en sus inicios como nación independiente sería una de los argumentos esgrimidos por los defensores de una monarquía constitucional.









La participación de estos sectores étnicos en los años de la Independencia ha sido cada vez más indagada por los historiadores. Así, por ejemplo, fue destacada la participación conjunta de los mestizos, indígenas y criollos en las rebeliones de Huánuco en 1812 y Cuzco en 1814. Asimismo, la mayoritaria composición indígena y mestiza en los ejércitos realistas de los Andes, el enlistamiento de mulatos y esclavos en las montoneras costeñas y el ejército de San Martín. Asimismo, el miedo a la anarquía, el desorden y un posible alzamiento de esclavos, como lo sucedido en Haití en 1804, provocó la necesidad de un gobierno en Lima, capital del virreinato.



Luego de más de 200 años, el Perú aún está en un proceso de integración nacional, con logros y desafíos. Jorge Basadre y Víctor Andrés Belaúnde recalcaban que la herencia cultural tras la independencia es clave en la consolidación de la nación peruana.
Bibliografía:
- Basadre, J. (1968). Historia de la República del Perú, 1822-1933.
- Belaúnde, V. (1959). Bolívar y el pensamiento de la revolución hispanoamericana. Ediciones Cultura Hispánica.
- Lynch, J. (2008). Las Revoluciones hispanoamericanas: 1808-1826. Grupo Planeta (GBS).
- Rodríguez, O., & Jaime, E. (2012). La independencia de la América española. Fondo de Cultura Económica.
