Tonos de Blanco
Ha pasado poco tiempo (poquísimo) desde el fallecimiento de Hugo Blanco Galdós. Y es necesario decir que el modo en el cual la prensa cubrió su muerte fue sensacional de modo o corrosivo o hagiográfico. Pruebas de ello son la columna de Aldo Mariátegui y las elegías donde le elogian como el «Tayta Hugucha» –traducido del quechua es «Papá Huguito»–, lo que demuestra una enternecida veneración a esta controvertida figura.
Lo que genera debate es su verdadera naturaleza, la de un terrorista arrepentido o la de un revisionista traidor a sus principios. ¿Cómo debe el peruano comprender la evolución ideológica de este precursor dentro de las izquierdas?
Es posible notar que el trasfondo del señor Blanco con ideas revolucionarias vino de su familia, que a pesar de ser acomodaba se suscribió a las ideas de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA). Igualmente importante es que para la fecha de su nacimiento y crianza, el movimiento aprista aún no tomaba principios moderados y a comienzos de los 30 intentó tomar el poder por la fuerza de la junta militar de Sánchez Cerro. Aun así, el primer contacto formal de Hugo Blanco con la ideología revolucionaria fue durante sus estudios agrónomos en Argentina en 1954, donde se gestó un destacado núcleo trotskista en equiparable a los de Brasil y Méjico. Fue allí donde conoció a Nahuel Moreno y su grupo Palabra Obrera.
En este primer momento ya es necesario poner diferentes acotaciones y aclaraciones del panorama marxista, especialmente la naturaleza de su rama trotskoide. El trotskismo se entiende mejor por la biografía de su fundador: uno de los veteranos de la Guerra Civil Rusa, el padre del Ejército Rojo que, sin embargo, perdió el conflicto sucesorio de la Unión Soviética frente a Stalin, lo que llevó a su arresto y posterior exilio. Su enemistad con Stalin se plasmó en la gran diferencia doctrinal sobre la teoría de la llamada Tercera Internacional, sobre todo en la crítica frente a lo que Trotsky veía como desaciertos garrafales en la política externa de la URSS, como su fracaso de apoyar a los comunistas alemanes en una victoria contra el nazismo y que las izquierdas no tomaban el poder en las tempranas fases de la Segunda República Española que achacaba a una política inflexible con otros grupos de izquierda. Cabe decir que pocos años después en la Guerra Civil Española los trotskistas representados por el POUM acabaron por antagonizar activamente al PCE, de orientación estalinista y mayor influencia en el gobierno republicano.
En 1935, cerca de las elecciones francesas Trotsky planteó a sus seguidores la táctica más efectiva para influenciar a partidos históricos de izquierda –herederos de la llamada Segunda Internacional– era la infiltración, para quitar cualquier dirección reformista hacia una revolucionaria. Esa medida fue conocida como «giro francés» e irónicamente causó una fuerte debacle en el trotskismo galo, al punto de atraparlo en partidos socialistas que renegaban de plano del marxismo frente al crecimiento de las formaciones estalinistas bajo lo que le sería achacado como oportunismo. Curiosamente una táctica similar fue formulada en las obras de otro marxista, Antonio Gramsci, pero es harina de otro costal.
Por otro lado, gracias al segundo y último exilio de Trotsky en Méjico –donde fue asesinado– se forjó como un referente para las agrupaciones marxistas de nuestro continente en la entreguerra, la breve posguerra y la Guerra Fría. El grupo que frecuentó Hugo Blanco en Argentina, Palabra Obrera, procuró una táctica entrista con diversos sindicatos peronistas para terminar siendo integrada al mismo peronismo y una futura ruptura entre peronistas nacionalistas y cercanos al marxismo en los 60. Esto sería tratado como un pie de página si no fuera por una idea similar en las perspectivas de Hugo Blanco; quien, a pesar de comenzar su actividad en la guerrillera con un pensamiento opuesto al reformismo, se distanció del apoyo de los comunistas cuzqueños a la reforma agraria velasquista. A pesar de su inicial intransigencia, tras una década de arresto y exilio, volvió a la política en los 80 para ganarse la enemistad de la agrupación de Abimael Guzmán por agruparse con la coalición de Izquierda Unida a pesar de un temprano intento de comprensión al senderismo, él comentó que su lucha armada era legítima en una entrevista de 1982. Volvió a retirarse en los 90 tras el autogolpe de Fujimori, donde llegó a una de sus últimas etapas ideológicas.

Imagen de referencia
Tras un breve contacto con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional durante los noventa, se enfrascó en lo que se llama ecosocialismo. Como él mismo lo definió: «Últimamente está surgiendo positivamente una corriente ecosocialista en la población urbana. Desgraciadamente, el complejo de superioridad hacia los indígenas, sembrado por la ideología capitalista dominante, hace que los compañeros urbanos se resistan a entender que en realidad están adhiriendo a dos de los principios morales por los cuales hace más de 500 años vienen luchando en el terreno práctico los pueblos indígenas de América» [1].
A pesar de ello se nota un cambio radical en sus postulados. Él toma distancia, no del sistema soviético (que ya no existe), sino del centralismo democrático soviético: «Para hacer esto, naturalmente hay que acabar con el capitalismo, lograr que la producción esté en manos de la sociedad en su conjunto, tampoco queremos que esté en manos de un Estado vertical que fue el caso del corrupto sistema burocrático de la Unión Soviética, cuya putrefacción interna lo derrumbó»(2). Él se retiró de las teorías ortodoxas del marxismo, como lo corroboran las anécdotas de la red sobre los principios. Aquellos que abrazaba en su ancianidad, principios relacionados a causas progresistas bajo la dichosa «unidad en la diversidad» que se distanciaría de sus tesis más conocida llamada «falsa estrategia».
Luego de recorrer la evolución del pensamiento de Blanco, es necesario finalizar con reflexiones sobre la evolución de su imagen. A pesar de que se alejó de los principios revolucionarios, adhiere a las práctica y teoría de la vertiente troskista del comunismo, hasta su muerte. Se trata del oportunismo político mediante diferentes experimentos tanto en el viejo continente como en el nuestro. Es solo uno de muchos ejemplos de la tesis global: el grupo marxista abandonó sus principios y está apostando por estrategias alejadas del leninismo y estalinismo «ortodoxos». En la comprensión de ese distanciamiento seguramente estará la clave para repeler a esta suerte de marxismo posmarxista.
Referencias:
- Robles, A. (no date) La táctica de entrismo en Trotsky y la construcción del partido revolucionario, CEIP León Trotsky. Available at: https://ceip.org.ar/La-tactica-de-entrismo-en-Trotsky-y-la-construccion-del-partido-revolucionario-4918 (Accedido: 3 de Julio del 2023).
- “Salvemos la humanidad. Retomemos las raíces indígenas”, Hugo Blanco. Página 19. Ediciones Lucha Indígena. Mayo 2009.(1)
- “Salvemos a la humanidad. Retomemos las raíces indígenas”, Hugo Blanco. Página 18. Ediciones Lucha Indígena. Mayo 2009.(2)
