
Plomo, alteraciones en el comportamiento y su concentración en zonas urbanas
El plomo es un metal pesado ampliamente usado desde la antigüedad. Famoso por ser un subproducto de la fundición de plata, utilizado en el sistema de cañerías de los romanos, en la adulteración del vino para la neutralización del sabor del ácido tánico, ha llegado hasta nuestros días en su extenso empleo en la pintura y, en la última mitad del siglo pasado, por su propiedad estabilizadora de combustibles.
Aunque actualmente se encuentra bien establecida la toxicidad del plomo para el organismo de los seres humanos, ha sido solamente en las últimas décadas en donde se ha revelado la importancia de la exposición a dosis bajas aparentemente asintomáticas. El recientemente fallecido profesor de la Universidad de Pittsburg, pediatra y psiquiatra, Hebert Needleman, dedicó gran parte de su trayectoria académica al estudio de los efectos deletéreos de la exposición de plomo en los niños a largo plazo. En un artículo publicado en el 2004[i] expone el daño causado por el plomo en su interacción con el organismo: en los sistemas de señalización del sistema nervioso, interfiere con la formación de mielina (que hace que el impulso nervioso viaje a rápidas velocidades), daña la barrera hematoencefálica, causa daño mitocondrial (las mitocondrias son pequeñas organelas dentro de la célula que permiten la producción de energía), generando daño en el desarrollo cognitivo e incluso fetotoxicidad (aumento en tasa de óbitos fetales, muertes neonatales y disminución de la fertilidad)[ii].
Needleman realiza en el mismo artículo un breve recorrido histórico respecto al estudio del envenenamiento por plomo en niños, en el cual distingue 4 etapas: 1) Escepticismo respecto a los efectos del plomo en niños: los primeros reportes que se dieron en Australia por envenenamiento por pinturas, en 1892, no fueron bien establecidos sino hasta 1904 y la pintura con plomo prohibida hasta 1920. 2) Se creen solo dos posibles resultados del envenenamiento: muerte o recuperación completa sin daños. 3) Se establece que existen efectos a largo plazo, pero se piensa que ocurre solo en los niños que tuvieron alteraciones clínicas. 4) Por último, desde inicio de los años 70s, se evidencia que incluso en niños sin alteraciones clínicas aparentes por toxicidad hay déficits en las pruebas de IQ, atención y lenguaje.
Debido a la cantidad de evidencia acumulada respecto a este último punto entre los años 60 y 90, la CDC cambió los niveles máximos permitidos de plomo en sangre en niños de 60ug/dl en los 1960 a 10ug/dl en 1991, otros estudios mostraron todavía relación entre plumbemia (plomo en sangre) y déficits en diferentes scores, y el límite actualmente aceptado es de 3.5 ug/dl desde noviembre del 2021. A partir de estos hallazgos se empezaron a realizar estudios que evaluaban los efectos en el tiempo en los niños expuestos al plomo, incluso desde la exposición prenatal[iii] en la que se establecía que los niños con mayor nivel de plomo en el cordón umbilical (10-25 ug/dl) obtenían un puntaje significativamente menor en una prueba de desarrollo mental durante los primeros 2 años de vida. Needleman realiza un breve resumen de una batería de estudios a favor de la relación entre plumbemia o plomo en dientes/huesos y su relación con el IQ, fracaso escolar, déficit de lectura, y alteraciones en el comportamiento como distraibilidad, impulsividad o dificultades para seguir órdenes. Es aquí donde se produce un nuevo punto de inflexión en cuanto a la comprensión de los efectos del plomo en los niños. En palabras del autor: “hay razones persuasivas para creer que la disfunción cognitiva tal vez no sea el efecto más importante del plomo, y que probablemente estamos entrando en una quinta etapa de la comprensión de los efectos del plomo, en la cual se reconoce que el plomo afecta negativamente el comportamiento social”.
Needleman fue uno de los pioneros en estudiar los efectos sociales de la intoxicación por plomo. En 1996[iv] publicó un estudio en el que analizaba 212 estudiantes tomando en cuenta la cantidad de plomo calculado en la tibia (ya que el hueso es uno de los espacios en donde más se almacena este metal, que imita en muchos casos al calcio) y, retrospectivamente, su historial comportamental, encontrando que los niños con mayor cantidad de plomo tenían más riesgo de comportamiento antisocial o delincuencial o agresivo. Años después, en el 2002[v], publica un estudio comparando la cantidad de plomo en la tibia en adolescentes arrestados vs. estudiantes de secundaria de Pittsburg, hallando que, tras ajustar para diferentes variables, los delincuentes tuvieron 4 veces más probabilidad de tener altas concentraciones de plomo en los huesos en comparación con los estudiantes controles, en esta serie el riesgo de delincuencia atribuible a la exposición de plomo variaba desde 11 a 38%.
Es oportuno recordar un antecedente histórico de importancia: entre los años 40s y 80s hubo una gran cantidad de expulsión de plomo al ambiente en los Estados Unidos debido a un componente usado en su combustible, el plomo-tetraetilo (TEL, por sus siglas en inglés) popularizado por la empresa ETHYL (un video al respecto puede verse aquí). El TEL es un compuesto liposoluble que puede ser absorbido por la piel y rápidamente llevado al cerebro, con propiedades neurotóxicas. Varios trabajadores de la planta de producción de TEL fallecieron o presentaron síntomas psicóticos. Se ha calculado que en consecuencia de la gran exposición de plomo que hubo en aquellos años se ha producido, para el año 2015, un déficit total de 824, 097,690 de puntos de CI en los Estados Unidos, debido a los niños que fueron afectados por aquella exposición y tuvieron niveles elevados de plomo en sangre, contribuyendo especialmente los niños expuestos entre los años 66 y 77, alrededor de los años en los que el consumo de combustible con plomo fue máximo[vi].
Fue el economista Rick Nevin quien en el año 2000 publicó uno de los grandes estudios que relacionaron el plomo con comportamientos delictivos a escala poblacional[vii]. Su estudio encontró que “el plomo en la gasolina durante los años 1941-1975 explicaba el 90% de la variación de crimen violento entre 1964-1988 en los EEUU”, tal como se muestra en la figura 1, Nevin encontró una relación significativa entre los delitos violentos y la exposición en la infancia, consistente con los daños neuronales causados por plomo en edades tempranas, con un mejor retraso estadístico de 23 años. De la misma forma, se encontró una relación con ajuste óptimo de 18 años para la exposición a gasolina y asesinatos de 1960-1988, además de encontrarse otras relaciones para embarazos no deseados, violaciones y robos.

Figura 1: Crímenes violentos vs exposición a gasolina por plomo. Extraído de Nevin, R. (2007). Understanding international crime trends: the legacy of preschool lead exposure. Environmental research, 104(3), 315-336.
Posteriormente, en el año 2007, Nevin publicó un artículo en que se estudiaron las relaciones entre la exposición al plomo y comportamiento delictivos a nivel internacional, encontrándose resultados análogos. Por ejemplo, como se muestra en la Figura 2, existe una relación entre el nivel de plomo en sangre y los índices delictivos con un retraso estadístico óptimo de 19 años para Inglaterra, Canadá, Nueva Zelanda y Finlandia.

Figura 2. Extraído de Nevin, R. (2007). Understanding international crime trends: the legacy of preschool lead exposure. Environmental research, 104(3), 315-336.
Tiempo después se llevó a cabo un metaanálisis (un tipo de estudio que analiza en su conjunto las publicaciones respecto a un tema, aumentando así su potencia y calidad de evidencia científica) tratando este tema, en el cual se encontró que existe un sesgo de publicación (al parecer existe más publicaciones mostrándose a favor de la relación del plomo y criminalidad que no)[viii]. Los autores calculan que de la variación de la criminalidad en los años estudiados, menos de la cuarta parte sería atribuible al plomo en sangre, sin embargo, recomiendan que se hagan más estudios al respecto para poder ponderar correctamente los factores en juego, incluyendo la exposición al plomo.

Fig. 3. Intervalos promedio de plomo en sangre de niños de Latinoamérica. Extraído de Olympio, K. P. K., Gonçalves, C. G., Salles, F. J., da Silva Ferreira, A. P. S., Soares, A. S., Buzalaf, M. A. R. & Bechara, E. J. H. (2017). What are the blood lead levels of children living in Latin America and the Caribbean?. Environment international, 101, 46-58.
La cuestión de las concentraciones de plomo en sangre concierne a nuestra región según los datos que se pueden observar en la Fig. 3: la bibliografía internacional reporta que tanto en zonas de Perú como Ecuador y Colombia el plomo en sangre niños puede alcanzar niveles mayores de 40 ug/dL.
La presencia de niveles peligrosos de sangre en plomo no afecta solamente a zonas rurales, aledañas a relaves mineros o similares como podría creerse, sino también incumbe a las zonas urbanas. La situación es de tal magnitud que se han encontrado niveles elevados de plomo en sangre incluso en muestras de recién nacidos, como lo muestra un estudio llevado a cabo en Lima Norte[ix] en el 2011-2012 en donde se evaluaron madres primigestas que residieron por al menos 5 años en Lima, excluyendo aquellas que en algún momento vivieron en el Callao o cerca a alguna zona minera. Se encontró que de las 100 muestras analizadas 30% de los recién nacidos tuvieron nivel de plomo en cordón umbilical considerados de riesgo incrementado (≥ 3,0 µg/dL); en el 16% de los casos se encontró niveles tóxicos de plomo en SCU (≥ 5 µg/dL). Los autores señalan que “No tenemos una explicación clara para la gran cantidad de recién nacidos contaminados con plomo encontrados en este estudio; pero si se toma en cuenta que durante la selección de las madres participantes del estudio se excluyó a aquellas que hubieran tenido alguna exposición a zonas mineras o portuarias, descritas como las principales fuentes de contaminación por plomo en nuestro país, se podría colegir que la concentración de plomo en el medio ambiente de la zona urbana ubicada al norte de Lima fue lo suficientemente alta como para ser la causa de los niveles de plomo en la sangre de cordón umbilical de los RN; al respecto, en 2008 la Defensoría del Pueblo señalo que la concentración de plomo en el aire en esta parte de la ciudad (1,44 μg por m3 de aire) excedió el estándar nacional para este elemento (0,5 μg por m3 de aire). Una hipótesis interesante que explicaría este fenómeno sería que las corrientes de viento de Lima, que van de sur a noreste, podrían estar llevando partículas contaminantes hacia las zonas urbano-marginales del norte de la ciudad”. Se sabe además que los factores de riesgo para la intoxicación en zonas urbanas comprenden “el crecimiento del parque automotor; la existencia de múltiples talleres automotrices; el consumo de combustible diesel y gasolina de bajo octanaje; las unidades motorizadas en mal estado de mantenimiento; las fundiciones; la quema de basura no seleccionada, y los talleres industriales artesanales”, sin embargo los autores precisan que deben realizarse investigaciones para determinar la causa específica de los resultados hallados.
Otras zonas urbanas como el Callao presentan niveles considerables de contaminación por plomo. Ya a finales de los años 90 se había notificado la alta concentración encontrada en niños de diferentes zonas del Callao, cuyos niveles de plomo en sangre podrían alcanzar promedios tan altos como 40.7 ug/dl en para un colegio localizado cerca de un almacén de minerales[x]. Los factores relacionados a los niveles de plomo en sangre fueron principalmente los derivados de la contaminación ambiental: fueron principalmente el hábito de consumir tierra (pica), la exposición a aire ambiental (acudir al colegio a pie) y que el centro educativo se encuentre en zonas aledañas a almacenes de minerales los que estuvieron en relación a los niveles de plomo en sangre. Posteriormente, en el año 2017, fueron reevaluados los factores de riesgo asociados a niveles elevados de plomo en sangre en el Callao[xi], en el cual se encontraron promedios de sangre en plomo menores en comparación al estudio previamente mencionado, no obstante, los factores de riesgo fueron similares. Ha sido también en el Callao donde han evidenciado las consecuencias deletéreas de los niveles elevados de plomo en sangre en niños[xii].

Fig. 4: Relación de los niveles de nsagre en plomo y dos test de evaluación cognnitiva en niños de una población del Callao. Extraído de Vega-Dienstmaier, J. M., Salinas-Piélago, J. E., Gutiérrez-Campos, M. D. R., Mandamiento-Ayquipa, R. D., Yara-Hokama, M. D. C., Ponce-Canchihuamán, J., & Castro-Morales, J. (2006). Lead levels and cognitive abilities in Peruvian children. Brazilian Journal of Psychiatry, 28, 33-39.
La figura 4 nos muestra los resultados de un estudio llevado a cabo en el año 2002 en que se encuentra una relación directamente proporcional entre los niveles elevados en plomo en sangre y bajos puntajes en diferentes tests de evaluación cognitiva. Tal como lo describe la literatura internacional, se ha encontrado además relaciones entre la plumbemia y alteraciones en el comportamiento[xiii]. En un centro educativo del Callao se encontró una asociación significativa entre esta y niveles de ansiedad, como lo muestra la Figura 5.

Fig. 5: Niveles de ansiedad vs concentración de plomo en sangre de una población escolar del Callao. Extraído de Vega, J., De Coll, J., Katekaru, D., Lermo, J., Escobar, J., Díaz, M., … & Castro, J. (2003, June). Intoxicación plúmbica crónica y alteraciones del crecimiento y desarrollo cognitivo-emocional en niños. In Anales de la Facultad de Medicina (Vol. 64, No. 2, pp. 94-100). UNMSM. Facultad de Medicina.
Se ha calculado que “en el Perú, el costo anual asociado a la exposición por plomo está comprendido entre 800 millones de nuevos soles y 1.200 millones de nuevos soles, con un promedio de unos mil millones al año. La morbilidad en niños, asociada en su mayor parte a la pérdida de CI., significa 650 millones de nuevos soles, es decir, 65% del costo promedio. El costo del retraso mental ligero, por sí solo, representa aproximadamente 34% de ese mismo costo”[xiv]. A este costo habría que agregar los daños añadidos por alteraciones comportamentales como violencia/comportamientos delictivos que al parecer aún no han sido evaluados en nuestro país.
[i] Needleman, H. (2004). Lead poisoning. Annu. Rev. Med., 55, 209-222.
[ii] Se cree incluso que la disminución de la fertilidad y aumento de psicosis en la aristocracia romana tuvo como factor importante a la intoxicación por plomo jugando un rol en la caída del Imperio Romano. Cfr. Gilfillan SC. 1965. Lead poisoning and the fall of Rome. J. Occup. Med. 7:53–60
[iii] Bellinger, D., Leviton, A., Waternaux, C., Needleman, H., & Rabinowitz, M. (1987). Longitudinal analyses of prenatal and postnatal lead exposure and early cognitive development. New England journal of medicine, 316(17), 1037-1043.
[iv] Needleman HL, Riess JA, Tobin MJ, et al. 1996. Bone lead levels and delinquent behavior. J. Am. Med. Assoc. 275:363– 69
[v] Needleman, H. L., McFarland, C., Ness, R. B., Fienberg, S. E., & Tobin, M. J. (2002). Bone lead levels in adjudicated delinquents: A case control study. Neurotoxicology and teratology, 24(6), 711-717.
[vi] McFarland, M. J., Hauer, M. E., & Reuben, A. (2022). Half of US population exposed to adverse lead levels in early childhood. Proceedings of the National Academy of Sciences, 119(11), e2118631119.
[vii] Nevin, R. (2000). How lead exposure relates to temporal changes in IQ, violent crime, and unwed pregnancy. Environmental research, 83(1), 1-22.
[viii] Higney, A., Hanley, N., & Moro, M. (2022). The lead-crime hypothesis: A meta-analysis. Regional Science and Urban Economics, 97, 103826.
[ix] Guillén-Mendoza, D., Escate-Lazo, F., Rivera-Abbiati, F., & Guillén-Pinto, D. (2013). Plomo en sangre de cordón umbilical de neonatos nacidos en un hospital del norte de Lima. Revista Peruana de Medicina Experimental y Salud Pública, 30, 224-228.
[x] Espinoza, R., Hernández-Avila, M., Narciso, J., Castañaga, C., Moscoso, S., Ortiz, G., … & Noonan, G. (2003). Determinants of blood-lead levels in children in Callao and Lima metropolitan area. salud pública de méxico, 45, 209-219.
[xi] Morales, J., Fuentes-Rivera, J., Bax, V., & Matta, H. H. (2018). Niveles de plomo sanguíneo y factores asociados en niños residentes de un distrito del Callao. Archivos Venezolanos de Farmacología y Terapéutica, 38(2), 135-144.
[xii] Vega-Dienstmaier, J. M., Salinas-Piélago, J. E., Gutiérrez-Campos, M. D. R., Mandamiento-Ayquipa, R. D., Yara-Hokama, M. D. C., Ponce-Canchihuamán, J., & Castro-Morales, J. (2006). Lead levels and cognitive abilities in Peruvian children. Brazilian Journal of Psychiatry, 28, 33-39.
[xiii] Vega, J., De Coll, J., Katekaru, D., Lermo, J., Escobar, J., Díaz, M., … & Castro, J. (2003, June). Intoxicación plúmbica crónica y alteraciones del crecimiento y desarrollo cognitivo-emocional en niños. In Anales de la Facultad de Medicina (Vol. 64, No. 2, pp. 94-100). UNMSM. Facultad de Medicina.
[xiv] Estrategia Sanitaria de Metales Pesados – 2021. Red de Salud Castilla-Condesuyos.
