La «Mamita de Chapi»

El Perú es una tierra de devoción mariana. Como el alma misma de la conquista americana, el Perú ha sido cuna de veneración a Santa María Virgen, a quien, desde los albores de nuestra historia mestiza, se han dedicado muestras auténticas de amor filial, tanto en las artes plásticas como en la mística musical materializada en los cantos polifónicos más bellos que se han compuesto en lengua quechua. Este hecho, que Víctor Andrés Belaúnde llama «capital y definitivo en la historia espiritual de América», forma parte de la esencia misma de la nación.

La Ciudad Blanca no ha sido ajena a esta realidad. Garci Manuel de Carvajal la fundó bajo el manto de María, como Nuestra Señora del Valle Hermoso de Arequipa en 1540. Posteriormente, en 1562, el Cabildo la nombró patrona de la urbe. Desde entonces, Arequipa se ha caracterizado no solo por compartir esta veneración, sino por albergar a una de las advocaciones que cada año congrega más y más fieles: la Santísima Virgen de Chapi.

En el origen de su historia se mezcla, como en el de otras devociones, el misterio y los datos históricos. Se estima que la entrada de la Virgen de la Candelaria al Perú pudo darse por medio de los primeros religiosos que llegaron al valle del Chili: los dominicos, los franciscanos, los mercedarios, los agustinos y, finalmente, los jesuitas. Creado el Obispado de Arequipa en 1609, este se encargó de la evangelización de los ayllus que posteriormente conformarían los primeros pueblos pueblos de indios de la ciudad: Pocsí, Tambo, Ocona, Camaná, Characato, Magís, etc.

Cierto es, sin embargo, que el culto a la Virgen de Chapi, si bien nació durante el Virreinato del Perú, no fue ni el principal ni el más celebrado en tierras arequipeñas en ese periodo: ese lugar lo mantuvieron otras Candelarias, la Virgen de Characato y la Virgen de Cayma. Respecto esta última advocación, el Obispado encargó pintar al maestro Jacinto Carbajal una serie de cuadros que mostraban los prodigios que realizó la Virgen hasta aquellos días. Dichos cuadros aún pueden ser apreciados hasta nuestros días. Conocidas son también la Virgen de Camaná y la Virgen de Collaguas.

Chapi, por su parte, perteneciente en aquel entonces a la doctrina de Pocsi -jurisdicción geográfica eclesiástica encargada a los padres jesuitas- se encuentra a 60 km de la ciudad de Arequipa, en medio de cerros de irregular geografía. Es una zona desértica, cuyo acceso, si bien ahora es más sencillo, se hacía complicado en los primeros momentos del crecimiento de la devoción que, según documentos analizados por el Dr. César Coloma Porcari, aumentó con fuerza a partir del siglo XIX.

Sobre su origen legendario se ha escrito mucho. El relato más difundido entre sus fieles cuenta que, la estatuilla de la Virgen de la Candelaria formó parte de la vida religiosa al ser colocada en el antiguo templo del dios Pichinique de los indios puquina, en el antiguo pueblo de Churajón. Se cuenta en la historia al menos dos traslados, en los cuales los pobladores de la zona llevaban aquella imagen en cada uno de ellos. Finalmente, la imagen de la Candelaria se estableció en la quebrada de Chapi, donde se construyó una pequeña capilla de barro, piedra y techo de paja, que es conocida por sus fieles como la «Capilla Vieja».

El traslado definitivo se daría alrededor de 1798, donde se decide llevar la imagen a Sogay. Es aquí donde la tradición cuenta que, tras la primera cuesta, súbitamente, la estatua de la Virgen se tornó extremadamente pesada, siendo incapaz cualquier fuerza humana de levantarla, escuchándose salir de su boca las palabras: «¡Chaypi, chaypi!», que, refiere el relato, significa en lengua nativa «¡aquí, aquí!». La Reina del Cielo no solo había elegido morada, lugar donde se edificaría su templo, sino también había elegido su nombre.

Desde entonces, la devoción a la «Mamita de Chapi» no hizo sino crecer y crecer. Numerosas veces, los desastres naturales han afectado los templos que se le han construido, manteniéndose la Virgen incólume ante dichos achaques de la naturaleza. En 2001, su templo fue nuevamente destruido por un terremoto y la imagen fue trasladada temporalmente a la ciudad de Arequipa. Finalmente, en 2018, la basílica de la Santísima Virgen de Chapi fue inaugurada justo en aquel lugar que eligió hace tantos años.

La tradición no ha amainado en el corazón de los peruanos y de todos aquellos, alrededor de Hispanoamérica y el mundo entero, que le son devotos. Cada año, el 1 de mayo, fecha que sus fieles eligieron para homenajearla, la quebrada de Chapi, ese lugar lejano y montañoso, recibe miles de peregrinos que se congregan a agradecer un milagro, un favorcito, o que simplemente continúan con aquel homenaje que desde niños se les ha inculcado a la coronada Virgen de la Candelaria de Chapi, a su «Mamita», cuya imagen inspira en el pueblo arequipeño el más grande amor de hijo hacia su benevolente madre.