La democracia directa y la demagogia populista
Desde hace algunos años se han incrementado los puntos de vista que objetan la primacía de la democracia liberal en el mundo occidental, dando como resultado el aumento de presidentes con posturas cada vez más autoritarias que buscan respaldar sus actos en el apoyo popular y no en la legalidad de los mismos. El descrédito de las instituciones, la corrupción, el aumento de voces exigiendo soluciones pragmáticas y una cierta debilidad o tal vez decadencia del orden mundial establecido han ocasionado que se alcen opiniones desfavorables contra la democracia representativa, lo cual incentiva el apoyo a los referendos y la democracia directa en su variedad de manifestaciones.
La caída del muro de Berlín, el fin de la Unión Soviética, la globalización, el libre mercado y el ascenso de la democracia liberal fueron los catalizadores de un orden mundial que, desde inicios de la década de 1990 hasta hace algunos años, dieron paso a un panorama de relativa calma en cuanto a orden interno e internacional en muchos países. En ese contexto, se tuvo para bien considerar como dogma a la democracia liberal dentro de los sistemas de gobierno, a tal punto que comenzó a tomarse a esta como fin en sí misma. Es decir, se perdió de vista que la democracia liberal -con todos sus errores- tiene como elementos importantes los principios éticos y morales del cristianismo y el orden clásico occidental.
Es así como en varios países la democracia ha entrado en cuestionamiento constante, desde el populismo hasta los regímenes autoritarios que en antaño se creían superados han vuelto a la palestra debido a que no en todos los países se han visto satisfechas las expectativas sociales generadas por la democracia.
Estos cuestionamientos han llegado a extremos como el de exigir una democracia directa plena, haciendo populares frases como «la voz del pueblo es la voz de Dios». En buena parte esto debido al descrédito de los gobiernos y los parlamentos, especialmente en América Latina.
Sobre estos tipos de reclamos sociales, Bobbio (2018) mencionaba que: «Si por democracia directa se entiende estrictamente la participación de todos los ciudadanos en todas las decisiones que le atañen, ciertamente la propuesta es insensata» (p. 50).
Razón no le faltaba, pues aun cuando en nuestros tiempos disponemos de avances tecnológicos en comunicaciones, es de alto riesgo para la comunidad el formular la posibilidad de trasladar las decisiones de la res publica a una colectividad absorta en todo tipo de asuntos menos los de preocupación pública.
Sobre el tema puesto en cuestión, Sartori (2019) afirmaba lo siguiente:
Lo importante es que cada maximización de democracia, cada crecimiento de directismo requiere que el número de personas informadas se incremente y que, al mismo tiempo, aumente su competencia, conocimiento y entendimiento. Si tomamos esta dirección, entonces el resultado es un demos potenciado, capaz de actuar más y mejor que antes. Pero si, por el contrario, esta dirección se invierte, nos acercamos a un demos debilitado. (p.135)
Sobre lo anterior citado, cabe profundizar que Sartori consideraba que la sociedad mundial se dirigía hacia un camino en el que cada vez había más medios de información, pero que más información no necesariamente significaba más conocimiento, y esto repercute de forma crucial en la democracia y en cómo los ciudadanos tomamos decisiones. Si ya en elecciones convencionales para elegir representantes, vemos nuestra toma de decisiones complemente influenciada por agentes externos, el llegar a imaginar los efectos que tendrían las decisiones de un demos debilitado en una democracia directa resulta preocupante.
Por eso urge que discursos populistas que exaltan a la población para realizar cambios radicales, que tienen por finalidad destruir todo atisbo de institucionalidad, sean combatidos ferozmente a nivel académico, cultural y político. Claro está que la democracia liberal ha demostrado tener fallos, sin embargo, eso no es excusa para tirar abajo todo el progreso que a su vez ha podido generar cuando esta ha sido puesta en práctica de forma correcta.
Puntualmente, en el caso peruano vemos como la crisis política, la pandemia ocasionada por el SARS-CoV-2 y la acentuada crisis económica dejó en la más absoluta precariedad a millones de peruanos que se vieron cautivados con los mensajes de un sindicalista subversivo que lamentablemente llegó a ser presidente. Sin hacer juicio de valor sobre la veracidad de las necesidades sociales, lo cierto es que las soluciones propuestas por el expresidente y golpista Pedro Castillo siempre tenían una particularidad, pues solía soltar la siguiente frase: hay que preguntarle al pueblo.
Entonces, teniendo un «pueblo» como el peruano que resulta tan influenciable y que se deja seducir con absoluta facilidad por discursos demagógicos y populistas, ¿cabe la posibilidad de sostener nuestra política a base de referéndums? En definitiva, no y esto debe ser una reflexión presente en los políticos peruanos que quieran velar por el bienestar del país, del orden económico, las instituciones y los derechos de los ciudadanos.
Solo resta esperar que se tomen las medidas adecuadas para que se deje de lado la fantasía populista y, por otra parte, se tome en cuenta que sin principios morales clásicos es realmente difícil que nuestro modelo pueda sostenerse en el tiempo y no sea vulnerable a los ataques intelectuales y políticos de personas con ideales incompatibles con la democracia.
Cabe concluir que, para poder ampliar los espacios de democracia y de acceso a la toma de decisiones de los ciudadanos, es de suma urgencia el poder darle «calidad» al voto ciudadano. Hasta cierto punto esta reflexión podría llegar a parecer unas simples ideas trasnochadas, sin embargo no debemos subestimar el discurso falaz de aquellos que pueden dirigir la opinión popular a los extremos más peligrosos, ya hemos visto casos muy cercanos y, en realidad, cualquier cosa puede llegar a pasar. Tal vez solo sea un augurio del futuro, pero más vale preocuparnos por sostener la institucionalidad y solucionar los problemas que año con año acrecientan la desconfianza popular.
Referencias bibliográficas
Bobbio, N. (2018). El futuro de la democracia. Fondo de Cultura Económica.
Sartori, G. (2019). Homo videns. Editorial Debolsillo.
