
Patrimonio cultural, ¿para qué? El caso de los templos barrocos del Collao en la región Puno
Para valorar con justicia este patrimonio en particular es necesario reconocer su dimensión cultural, artística, espiritual y social.
Escribo este artículo desde mi perspectiva de docente de historia latinoamericana. No voy a tratar el tema de la biodiversidad, recursos minerales o riqueza humana e inmaterial de Puno que bien haría falta. Voy a detenerme en el caso puntual del patrimonio arquitectónico virreinal que forma un circuito de ocho iglesias de diferentes provincias del departamento, el cual ha sido denominado por el Ministerio de Cultura «Templos Barrocos del Collao» son los siguientes: San Francisco de Asís en Ayaviri; San Gerónimo en Asillo, Azángaro; Santiago Apóstol en Lampa; en Chucuito, San Pedro Mártir y la Santa Cruz de Jerusalén de Juli; Santiago Apóstol en Pomata; San Pedro en Zepita y la Basílica Catedral San Carlos Borromeo en la capital. ¿Qué une a todas estas iglesias en un recorrido común? Su esplendor artístico y espiritual en un momento histórico en que la región gozaba de una importante actividad económica a través del desarrollo de la ganadería, agricultura y minería; y porque además se encontraba en medio de la ruta que iba de Lima a la Villa Imperial de Potosí.
¿Por qué me interesé en este tema? Debí elaborar el sílabo para mi curso y, fiel a la tradición de mi escuela, delimité esta parte de acuerdo a la clasificación de las artes académicas de Carlos III: pintura, escultura y arquitectura. Necesitaba encontrar un caso de esplendor del estilo arquitectónico mestizo desarrollado entre los siglos XVI y XVII en el territorio latinoamericano. Se me hizo imperativo colocar en el temario este caso así como también el del Circuito de las Misiones Jesuíticas Guaraníes, y tomé como referencia la escuela de Fray Pedro de Gante para la formación de talleres artísticos en la Nueva España. Se me vinieron a la memoria ciertas imágenes de mis clases con el profesor Estabridis y coincidentemente vi un programa de televisión de Gonzalo Torres que mostraba parte de este circuito del Collao, lo que me hizo confirmar la excepcional belleza de los lugares citados. Sin embargo, no encontré la información que esperaba en internet. Se evidenció la falta de información divulgativa de buen nivel que no esté enfocada al sector turismo, tuve que ingeniarme en el armado de diapositivas con fragmentos visuales.
Interesarme en este tema no solo significó una actitud estética, sino darme cuenta de los vacíos culturales que aquejan al país. Para valorar con justicia este patrimonio en particular es necesario conocer su dimensión cultural, artística, espiritual y, por lo tanto, social. En cuanto a su dimensión artística, ¿estamos conscientes de la riqueza que tenemos? Al parecer, no. Si bien el estilo barroco fue traído de Europa, el carácter andino es único en el mundo por su dimensión, pureza de material, originalidad decorativa, estética paisajística y carga espiritual; y esto no solo se refleja en una pieza arquitectónica, sino también en todas las artes, un verdadero cosmos. En cuanto a lo espiritual, ¿por qué se dio este descuido material de tantos años si no se trata solo de recuerdos? Son riquezas vivas porque la fe se mantiene hasta el día de hoy, la relación entre edificio y persona es la espiritualidad misma. No pretendo dar una fórmula para solucionar los conflictos sociales. pero sí proponer una perspectiva sobre el valor del patrimonio cultural peruano. Es necesario conocer para amar y defender, ¿cómo se conoce si el Estado no lo promociona?, ¿cómo se promociona si no se restaura?, ¿cómo se restaura si no se pone en valor?, ¿cómo se pone en valor si no se estudia? El Perú es una suma de riquezas, en este caso es necesario hacer parte de nuestra riqueza personal este patrimonio, para no caer en el error de quitarle la debida importancia a esta región en la construcción del Estado nación: «no hay mucho más riquezas relevantes en un territorio que en su mayoría es una estepa helada, agreste y poco productiva». Más allá del desarrollo económico propio que es materia de los especialistas, ellos sabrán tratar mejor este tema, me estoy refiriendo únicamente a un patrimonio cultural específico y señalo la importancia que tiene por su carácter único. ¿Qué es la riqueza entonces y qué no lo es? Luego recordé que en el colegio jamás me dieron una sola clase de historia virreinal ni me mencionaron el esplendor de las ciudades andinas. Parece que hubiera un propósito de mutilar una parte de nuestra historia con algún fin intencionado y lo considero una falta gravísima. ¿Será por falta de estos conocimientos el desparpajo usado para elaborar esta clase de discursos pobres?
En mis clases de historia latinoamericana siempre menciono que tenemos las diferentes etapas históricas conviviendo al mismo tiempo en nuestro territorio, y es necesario conocer cada una de ellas para entender nuestra realidad actual
