Dato no mata a relato
“Dato mata a relato”, es una afirmación que comenzó a hacerse famosa a inicios del siglo XX cuando la derecha latinoamericana afrontaba el debate tanto político como académico sobre la economía en la región. Esta oración se vio reforzada con el auge de los think tanks de corte liberal o de análisis económico que sustentaban sus ideas con cifras, para defender los resultados de los modelos económicos-políticos instaurados en la región durante la década de los ochenta y noventa.
Todo este esmero académico —para nada despreciable— generó que los movimientos de derecha se sustenten cada vez más en las estadísticas de crecimiento y, en el caso peruano, las variables macroeconómicas. Con estas variables resultaba sencillo argumentar que el país había sacado de la pobreza a millones de peruanos, el crecimiento y la inversión de capital extranjero estaban llevando al país a una gran era de prosperidad.
Este enfoque técnico-académico hizo que muchos peruanos creyeran en el sistema y lo respaldaran, pero a su vez marcaba una barrera muy grande e inaccesible para una mayoría que le era difícil encontrarle un sentido a tanto número y estadística. Al fin y al cabo, cuesta decirle a un pobre frente a frente que las variables macroeconómicas permitirán el aumento de la inversión o mostrarle una revista sobre temas bancarios y financieros para que se entere que un determinado banco aumentó sus ganancias en más de mil millones de soles en el segundo trimestre, todo esto sabiendo que el pobre hombre a duras penas tiene para comer.
Las cifras no se sienten, por más que puedan ser interpretadas, carecen de humanidad. Le ha sido muy sencillo a la derecha peruana hablar de crecimiento sin tener un verdadero acercamiento social, sin entender que no basta el crecimiento, pues es necesario que se encaucen los beneficios con el objetivo de cerrar brechas económicas y sociales en favor de una sociedad con verdadera y tangible igualdad de oportunidades.
La necesidad de un mensaje social.
Frente a este escenario cabe preguntarse: ¿qué debe hacer la derecha peruana para llegar a todos los peruanos? Esto no solo es con un fin electoral, dado que además de poder obtener votos es necesario tener la capacidad de conseguir consensos, pues la verdadera política requiere tener la suficiente capacidad para maniobrar sin ceder principios. Esto hace que los partidos políticos peruanos, sean de izquierda o derecha, tengan que crear agendas democráticas realizables a través de consensos pues solo el diálogo puede hacer que lleguen a buen puerto las políticas públicas en el Perú.
Lamentablemente, mostrar cifras, ridiculizar una bandera, trollear en redes y mofarse constantemente de las ideas de otros no ha tenido un fin útil para la derecha, más allá de generar risas que demuestran el escaso nivel que tienen los políticos y los líderes para empatizar con sus rivales. Todo resulta ajeno a uno cuando no hace el esfuerzo de comprender las circunstancias en las que se encuentra el otro, esto queda muy evidenciado en la lógica de las cifras usada hasta la saciedad por economistas políticos que no comprenden que la mejor forma de defender todos los beneficios que trajeron sus reformas económicas es partir de que no hay modelo que sea la panacea de los problemas del hombre (esto incluye el modelo que tenemos).
Resulta necesario un acercamiento sincero hacia los desfavorecidos, un verdadero mensaje social que la derecha necesita con urgencia articular a partir de los valores relacionados con una Economía Social de Mercado, entre ellos la dignidad humana.
Ante el día a día que estamos viviendo en nuestro país, no podemos seguir siendo ajenos a nuestros problemas. Defendamos lo que es bueno, pero con un mensaje más humano, pues nosotros somos seres sensibles y con mayor intensidad cuando la vida no nos da oportunidades. Definitivamente ha quedado claro que “Dato no mata a relato”.
¿Una derecha popular?
¿Es posible una derecha popular en el Perú? Claro que sí, es posible y además necesario para la defensa del modelo económico y social. Una derecha que no abuse de la tecnocracia ni del formalismo, que se acerque al pobre y que sienta en verdad empatía, y no repulsión, al recibir un pan con chicharrón en la calle o abrazar a un indigente.
Para muchos puede que le resulte chocante y hasta populista que la derecha busque un acercamiento social, sin embargo, no hay más camino que este si se busca la defensa del libre mercado, la subsidiariedad y el crecimiento económico. Todo esto unido a la implementación de políticas públicas con las que se puedan vencer al fantasma de la desigualdad, usado hasta el abuso por la izquierda. Solo nos queda esperar si es que la derecha peruana toma una decisión sabia o termina por cavar la tumba para todos los logros conseguidos durante los últimos 30 años.
