Multipolaridad: paradigma del siglo XXI
Henry Kissinger, en su libro Orden mundial, indica que un orden multipolar en el que conviven centros de poder caracterizó a Europa tras la caída del Imperio romano. Estaba compuesto por numerosos reinos, principados, repúblicas, etc., y se consolidó oficialmente con la paz de Westfalia de 1648. En esta serie de tratados se estableció al Estado como autoridad política suprema. Con el imperialismo europeo, el sistema de Estados fue exportado al resto del planeta. Después de la Segunda Guerra Mundial, el mundo se dividió en dos marcadas esferas de influencia, esto dio inicio a un orden bipolar. La caída de la Unión Sovietica marcó el inicio de la hegemonía mundial de una única superpotencia: los Estados Unidos. Sin embargo, el ascenso de nuevos actores internacionales ha venido desafiando no solo el poderío estadounidense, sino la misma idiosincrasia occidental. En consecuencia, diversos analistas concuerdan en que el mundo a venir será multipolar, y que las bases de ese nuevo orden mundial se están sentando en nuestros días. El presente artículo busca exponer algunos de los factores determinantes de este futuro escenario internacional.
Regiones en ascenso
China ha logrado un asombroso crecimiento económico que, desde el 1978, es del 9 % anual según el Banco Mundial, y ha reemplazado a Estados Unidos como principal socio comercial de muchos países, incluida la Unión Europea. Además, debido a su agresiva política comercial, China se ha visto envuelta en controversias tanto con el gigante americano como con Europa, como ilustran Krugman, Obstfeld y Melitz en su manual de economía internacional. Ideológicamente, China posee una mezcla de confucianismo con comunismo que se ve reflejada en un orden político interno jerarquizado, iliberal, y, por lo tanto, intrínsecamente antioccidental.
Con Putin, Rusia se ha vuelto otra vez hostil a occidente por cuestiones económicas y geoestratégicas, como las necesidades energéticas europeas y la influencia rusa en países ex soviéticos. Debido a su hostilidad frente a lo que consideran imperialismo occidental, las autoridades rusas se han mostrado favorables a la creación de un mundo multipolar y buscan ganarse el favor de economías emergentes.
Actualmente, India es la quinta economía mundial por PBI, si bien su pleno desarrollo no ha podido realizarse debido a las dificultades para implementar reformas estructurales significativas, como explica la revista Lotta Comunista. Por otro lado, ha sabido mantener su postura neutral ante cualquier convulsión en el panorama internacional, declarando que actúa para el propio interés nacional.
Otros países más pequeños, como los miembros la Asean, también han tenido un desarrollo económico notable gracias, entre otras cosas, a una diversificación económica centrada en las manufacturas y a una buena capacidad de diálogo intrarregional, según los datos que analiza Bartesaghi en su artículo sobre Asean y Mercosur. Asia suroriental ya es un importante centro de producción y desarrollo tecnológico, cuyo protagonismo en un mundo totalmente digitalizado del futuro está claro.
El actor más destacable en América Latina sigue siendo Brasil, uno de los miembros del BRICS. Los objetivos de este bloque geopolítico han evolucionado con el tiempo, pero podemos decir que buscan defender los intereses de las economías emergentes en un mundo dominado por el dólar. Cada año más países desean unirse al bloque: hasta la fecha hay trece candidaturas oficiales, entre ellas Argentina, Egipto y Arabia Saudita.
Problemas occidentales
Algo que caracteriza a casi todos los países en vías de desarrollo es su tendencia al crecimiento demográfico. En Europa, por el contrario, se tienen cada vez menos hijos, y es el continente con más ancianos respecto al total de su población. Esto supone una mayor carga fiscal sobre los contribuyentes. Además, la crisis del euro ha generado una pérdida de confianza en las instituciones europeas por parte de los ciudadanos. A todo esto se le suma un malestar general por la crisis energética que ya ha causado protestas en todo el continente.
Como describe Vassallo en su libro Sistemi politici comparati, estas situaciones han fomentado la aparición de nuevas fuerzas políticas con discursos antiestablishment que están ganando cada vez más relevancia y que suelen pertenecer a derechas con tintes nacionalistas. En Orden mundial, Kissinger afirma que una Europa que no es capaz de armonizar las diferentes tendencias que existen en su interior en una política exterior coherente y unitaria podría arriesgarse a volverse geopolíticamente irrelevante frente al ascenso nuevas potencias.
La superpotencia por antonomasia, Estados Unidos, también tiene problemas internos. La sociedad estadounidense está muy polarizada, y cada vez hay menos gente que cree en el «sueño americano». Esto podría llevar al país a una severa crisis de identidad, si bien todavía no se vean señales claras de un declino americano.
Actores no estatales
En su Introduzione al diritto internazionale contemporaneo, Tanzi señala cómo los grupos armados, las ONG e incluso los individuos están teniendo más participación en foros internacionales, así como una gran cobertura mediática. Sus acciones podrían ser determinantes para generar cambios en el equilibrio de poder global. Por ejemplo, hay países que califican a las ONG de derechos humanos como amenazas a su soberanía, mientras que movimientos ambientalistas buscan que los países industrializados se hagan responsables por su impacto ambiental.
Conclusión
Estos son solo algunos de los factores que han venido transformando el escenario internacional hacia un mundo multipolar. En este contexto, las alianzas económicas y militares son más fluidas que antaño. Por otra parte, el enfrentamiento ideológico se ha complejizado a tal punto que muchos, como el politólogo Santiago Armesilla, sostienen que el eje izquierda-derecha ya es obsoleto. Lo que es seguro es que quien logre posicionarse a la delantera del desarrollo en el mundo digital podrá tener más protagonismo en los conflictos y la formación de las reglas internacionales, como afirma Kissinger en Orden mundial.
Todo esto nos lleva a preguntarnos cuál será el rol del Perú en el naciente mundo multipolar. La creación de una clara línea guía en nuestra política exterior es una tarea tan importante como las reformas estructurales internas. Una vision nacional coherente y definida es capaz de hacer frente a las fuerzas globalizantes, las cuales amenazan con poner en riesgo al Estado mismo; el bloque esencial de un mundo plenamente multipolar.
